2.4 El comunismo de estado no es revolución. V. Orobón.
Valeriano Orobón Fernández. Anarcosindicalismo y revolución en Europa. José Luis Gutiérrez Molina.
2.4 El comunismo de estado no es revolución. V. Orobón.
2.3. Un activo militante: la propuesta anarcosindicalista
2.2. Un traductor comprometido
II PENSAMIENTO Y OBRA. 2.1 Una naturaleza privilegiada.
1.4. De nuevo en España. De Valeriano “El pacificador” a la Alianza Obrera Revolucionaria.
1.3. Valeriano Orobón Fernández en Berlín: la Asociación Internacional de Trabajadores (1925-1931)
Domingo 23 de mayo de 2010
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Foto:Valeriano Orobón en los primeros años veinte, cuando vivía en Valladolid y había comenzado a militar en la CNT (Archivo Familia Orobón)
La preocupación de Orobón por la influencia comunista fue temprana.Recordemos sus colaboraciones en la prensa anarquista de comienzos de la década de los veinte. Los años de las expectativas por lo que está ocurriendo en Rusia, de la formación de los partidos comunistas e, incluso, del ascenso de quienes terminarían siendo destacados comunistas a puestos en los comités de la CNT. Hasta que en 1922 la conferencia de Zaragoza decidiera la revocación del acuerdo de adhesión provisional a la Internacional Roja, el deslinde de los campos comunista y anarquista se libró en las páginas de la prensa y en los mítines de controversia. Con uno de los más destacados representantes del comunismo español, mantuvo Valeriano, quizás la que fue la primera controversia de las varias que mantuvo con socialistas y marxistas. Se trataba del ex-capitán de artillería Óscar Pérez Solís, vallisoletano también y miembro del partido socialista que, desde 1921, fue uno de los más importantes dirigentes del Partido Comunista de España 261.
Miembro del comité central del PCE durante los años de la dictadura de Primo, sus colaboraciones en el periódico madrileño La Antorcha, intentaron reconducir a la CNT hacia posiciones cercanas al marxismo ruso. Criticó tanto las propuestas sindicalistas de Peiró -publicó una recopilación de sus artículos, respuesta a la obra del catalán, titulado A propósito de un folleto: Trayectoria de la CNT- como las anarquistas. Parece que Pérez Solís y Orobón Fernández mantuvieron una sonada controversia. Incluso, la tradición familiar asegura que su imagen estuvo permanente presente en las actuaciones de Valeriano 262. Polémica que, también la familia, sitúa en Valladolid antes de que el joven Orobón abandonara la ciudad. Sin embargo, tras consultar las fuentes disponibles, hemerográficas locales y documentales del Archivo Histórico Nacional, no parece que tuviera lugar en ese momento, sino unos años más tarde: hacia 1924-1925, cuando ambos coincidieron unos meses en París.
Óscar Pérez Solís había nacido en 1882 en Asturias y pasó su infancia en El Ferrol, antes de que su familia se trasladara a Valladolid. Ingresó en la academia de Artillería de Segovia y en 1902 se graduó de teniente. Unos años después fue destinado a Las Palmas, en donde permaneció durante un año y medio. Allí, un soldado andaluz de la batería en la que estaba destinado, le introdujo en las ideas ácratas. Incluso llegó a colaborar con un grupo anarquista llamado Luz y Progreso. Según su propia confesión hasta el atentado de Mateo Morral contra la comitiva real en la madrileña calle Mayor. Cuando llegó en 1908 a Valladolid, las lecturas de los autores libertarios le habían despertado inquietudes sociales que en la ciudad del Pisuerga canalizó hacia el socialismo. En la agrupación local ingresó en abril de 1910, bajo el pseudónimo de Juan Salvador en homenaje al libertario sevillano que le había abierto los ojos en Canarias.
Su militancia socialista no fue bien vista ni por su familia ni por los círculos castrenses en los que no se entendía como un miembro del aristocrático y elitista cuerpo de Artillería pudiera, siquiera, coquetear con los perturbadores del orden establecido, aunque fueran moderados. Tras participar en algunas de las giras organizadas en el verano de 1910, para obtener socorros con la huelga minera vizcaína, en 1911 fue ascendido a capitán y se le recomendó que abandonara la ciudad y pidiera traslado a Cartagena. Fue entonces cuando pidió abandonar el servicio activo y pasar a la situación “de reemplazo” y, así, continuar en la capital castellana.
Fue el primer paso antes de que pidiera la separación definitiva del ejército en junio de 1913. Decisión que, al parecer, estuvo precipitada por su participación en unos incidentes ocurridos en el ayuntamiento cuando el concejal Remigio Cabello, el dirigente socialista local, abofeteó a otro compañero de corporación. A Pérez Solís le fue abierto un expediente que no siguió adelante tras su abandono de la carrera militar. A partir de entonces su militancia se intensificó. Participó en un acto público en la población vizcaína de Valmaseda y, poco después, se hizo cargo de la dirección de ¡Adelante!, el periódico que editaban el PSOE y la UGT de Valladolid. Además, desde 1914, hasta 1917, fue edil y diputado provincial. Cargos que abandonó en 1917 por discrepancias con la dirección socialista nacional con motivo de la huelga general que pretendió declarar. Procesado por estos hechos, fue condenado a la pena de destierro. Entonces se refugió en Lisboa, en donde permaneció unos meses, antes de regresar a Valladolid.
Perteneciente al ala izquierdista del socialismo coqueteó con el regionalismo que, impulsado por los catalanistas, comenzaba a despertar en diversas regiones españolas. Así asistió a la reunión “castellanista” que se celebró en Salamanca con la asistencia, entre otros de Unamuno y viajó a Cataluña para entrevistarse con Cambó. En 1920 a consecuencia de su participación en el mitin que intentó reconducir las protestas contra el alza del precio del pan, durante las que fue detenido, como se ha dicho, Orobón, fue procesado y condenado de nuevo a destierro. Esta vez por diez años. Entonces, Pérez Solís se instaló en Bilbao. Allí, en diciembre, fue candidato a diputado nacional por Valmaseda. Fue una reñida votación durante la que se produjeron diversos incidentes. Por ellos fue detenido y encarcelado en la prisión bilbaína de Larrinaga hasta marzo de 1921.
En Bilbao había establecido contactos con los incipientes grupos comunistas a los que se había acercado. En abril, como delegado de la agrupación bilbaína, acudió al congreso que el PSOE celebró en Madrid. En él, ya en el congreso de 1919 había propuesto la fusión de la segunda y tercera Internacional, protagonizó unas vibrantes intervenciones en defensa de la integración del partido en la internacional comunista. Al ser rechazada la propuesta, junto a otros dirigentes socialistas, encabezaron una posterior escisión de la que nació el PCOE, partido que terminó fusionándose con el otro partido comunista existente ese mismo año. Óscar Pérez Solís se convirtió en uno de sus más importantes dirigentes. Fue nombrado redactor del periódico La Bandera Roja y miembro del comité central del nuevo PCE.
Durante los años siguientes, hasta su viaje a Rusia en la primavera de 1924, fue detenido en diversas ocasiones, acusado de participar en atentados ocurridos en Bilbao, y fue uno de los más importantes propagandistas comunistas interviniendo en diversas giras de mítines y dando conferencias en instituciones culturales como el Ateneo de Madrid. Partió para el exilio tras el golpe de Primo de Rivera. Encarcelado en Bilbao durante el segundo semestre de 1923, regresó a Valladolid en enero de 1924. Allí le esperaba un nuevo juicio por sus artículos contra la sentencia a un militante comunista vizcaíno. Para evitar regresar a la prisión hoyó a Francia, a París, en donde estuvo hasta su salida hacia Moscú para asistir al congreso de la Komitern. Después regresó a la capital gala hasta que, a fines de 1924 regresó a España acogiéndose a una amnistía.
Hasta aquí nos interesa en detalle el discurrir biográfico de Pérez Solís porque a partir de su regreso a España se bifurcan completamente 263. ¿Cuándo pudieron debatir públicamente Pérez Solís y Orobón Fernández. Parece que por lo menos hasta la segunda mitad de 1921 no fue posible. Entre otras consideraciones porque el ex-militar perteneció hasta ese momento al PSOE. Después, aunque estuviera la mayor parte del tiempo en Bilbao, desterrado, pudo intervenir en Valladolid en algún acto clandestino. Carácter que explicaría que en la prensa local de esos años, ni en El Norte de Castilla, ni en el Diario Regional, aparezca la menor referencia a que tuviera lugar. Cabría pensar que no es nada significativo, dada la escasa atención que le dedicaban estos periódicos a los grupos obreros de la ciudad, incluyendo a los mayoritarios socialistas. Sin embargo, no eran tan indiferentes a una figura como la de Pérez Solís. Concejal y diputado provincial, su salida del ejercito, y militancia social, había sido ampliamente comentada en los círculos más selectos de la ciudad.
Es por lo que me inclino a pensar que la controversia se celebrara en París, en el otoño de 1924, meses en los que ambos coincidieron y cuando se encontraba en pleno apogeo la lucha por el control de la CNT que, aunque prácticamente desarticulada, continuaba siendo un valor simbólico del movimiento obrero y, como ocurriría en 1930, con perspectivas de surgir. De momento el debate era teórico ante la imposibilidad de la acción sindical bajo la dictadura de Primo de Rivera que había apostado decididamente por cortejar a los socialistas permitiendo la actuación legal de la UGT. En los acalorados debates, previos a los sucesos de Vera de Bidasoa, no es extraño que pudiera celebrarse esta polémica que, parece, se convirtió en un tema recurrente en el pensamiento de Orobón, quizás por su identificación con su lugar de nacimiento.
Oposición al comunismo de estado implantado en Rusia que se acentuó en Francia, en el contexto de la lucha de tendencias cenetistas de esos años, y, sobre todo, en Alemania, en donde asistió, desde primera fila, la actuación del poderoso partido comunista alemán incapaz de frenar el ascenso de Hitler. A partir de 1927, no hay artículo, conferencia o intervención en acto público en la que no denuncie tanto la incapacidad revolucionaria de los grandes partidos socialdemócrata y comunista de Alemania o Austria, como su dependencia de los intereses del estado soviético dirigido por Stalin. Sean textos referidos a cuestiones sindicales o de política internacional, o específicamente literarios. Es el caso de la crítica que hizo al estreno, en un teatro berlinés, de una obra basada en El Quijote debida a Lunarschasky 264. En ella ponía de manifiesto la infiltración bolchevique entre los intelectuales que había originado que su propaganda fuera la mayor que nunca hubiera hecho un partido político. Propaganda no revolucionaria porque los comunistas, como la socialdemocracia, utilizaban procedimientos que iban en contra de la esencia moral y liberadora del socialismo: el parlamentarismo y la dictadura. De ahí que el autor ruso utilizara al personaje de Cervantes para hacer una apología de la dictadura.
Dictadura que había ahogado la revolución social en Rusia y creado un estado inquisitorial y liberticida. Los anarquistas, entre otros, eran sus víctimas. Por ello la AIT había creado, en 1925, una organización destinada a ayudarles económicamente y facilitarles medios de huida 265. Sobre ella, y la descripción de algunos casos de perseguidos, dedicó algunos artículos. Aunque su intención iba mucho más allá de la mera denuncia puntual. Orobón Fernández había observado que España era el único lugar en el que los anarquistas continuaban siendo hegemónicos como fuerza revolucionaria. En sus textos queda clara su intención de preservar esa situación de los ataques comunistas dirigidos tanto por los partidos nacionales, la propaganda de la Komintern como por el propio Estado. Fue lo que ocurrió en 1931, cuando denunció que la prensa soviética, los periódicos Isveztia y Trudd, en sus crónicas del primero de mayo de España, aseguraba que los anarquistas se habían puesto de lado de la policía en los enfrentamientos que habían sucedido a la manifestación madrileña 266. Le preocupaba que se convirtiera en realidad la frase que asegura que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad.
El anarquismo era la esperanza revolucionaria que tenían los trabajadores. España, el único sitio donde tenía una auténtica acción de masas y la posibilidad de aprovechar el momento crítico por el que atravesaba el capitalismo, ejemplificado en el ascenso del fascismo, el nazismo y los diversos regímenes dictatoriales presentes en Europa por esos años. Evitar su aislamiento internacional y, sobre todo, la expansión del minúsculo, y falto de influencia social, PC español eran sus objetivos. Por ello le dedicó algunos de los artículos que publicó en la sección “Perspectivas Internacionales” del periódico CNT, conferencias e intervino en la controversia que, en 1932, tuvieron en Madrid Manuel Adame y José Bullejos, miembros del comité central del PCE 267 y Miguel González Inestal y Valeriano Orobón Fernández.
Fueron quince artículos firmados los que componen la sección “Perspectivas Internacionales” aparecida en las páginas del portavoz cenetista madrileño CNT, durante los meses de noviembre y diciembre de 1932. De ellos, tres los dedicó a denunciar la traición, la primacía de los intereses de estado sobre los revolucionarios y la utilización de los métodos capitalistas por los bolcheviques 268. En el titulado “Quince años de bolchevismo” puso al descubierto la “tramoya, como las que organizaba Potenkim para los zares”, que había preparado Stalin para conmemorar el quince aniversario de la revolución de 1917. Cómo se intentaba mostrar un artificial optimismo sobre la situación económica y política rusa, mientras se impedía que los invitados obreros pudieran conocer la auténtica realidad. El fracaso de la “línea general”269, los planes quinquenales y la colectivización forzada había originado una grave crisis en la dirección de la Unión Soviética que intentaba solucionarse regresando a la “Nueva Política Económica” de Lenin 270. En definitiva, tres lustros después del hecho revolucionario, Rusia seguía esperando al socialismo.
La lejanía de la sociedad revolucionaria era el tema del artículo “Stalin, discípulo de Taylor”. Para Orobón, el Estado se había convertido en el fin de los comunistas rusos. La mejor prueba eran los decretos que, para paliar el fracaso de los planes económicos, habían puesto en vigor. Responsabilizaban a la “pereza” de los obreros y dictaban su esclavitud ligándolos a la fábrica, prohibiendo su libertad de desplazamiento y castigando el no llegar a la productividad prevista. Stalin iba más allá que Taylor 271, el racionalizador de la producción fabril capitalista, quien, al menos, respetaba la individualidad del trabajador fuera de la fábrica. Intereses estatales sobre los obreros que eran los que dictaminaban que, obviando su política imperialista en el norte de China, en busca de materias primas, Rusia hubiera firmado acuerdos con el Japón, tal como los estados capitalistas, en busca de sacar “tajada”. Este era el contenido del tercer artículo titulado “Manchukuo”.
Era pues lógico que, servidores de los intereses estatales soviéticos, los partidos comunistas hubieran abandonado cualquier intención revolucionaria. Posición especialmente grave en unos instantes históricos en los que la profunda crisis del capitalismo aumentaba la esclavitud de los trabajadores a pasos agigantados y, en lo político, significaba el comienzo de una época de “absolutismo estatal”. Así lo indicaba la tendencia autoritaria de la democracia alemana, el ascenso del nazismo y la misma dictadura bolchevique rusa. La única esperanza de que se produjeran cambios radicales era España ya que estaba en un proceso de cambios políticos radicales y, sobre todo, existía un poderoso movimiento revolucionario anarcosindicalista. Los comunistas no podían jugar ese papel en ningún caso. En noviembre de 1932, cuando en las elecciones alemanas se decidía el ascenso de Hitler al poder, los comunistas, como los socialdemócratas, no se lanzaron a la insurrección, no pusieron en cuestión la farsa democrática, sino que emplearon todas sus fuerzas en las elecciones, olvidando que su fuerza estaba en la calle 272.
Los argumentos de Orobón Fernández para negarle al comunismo su capacidad revolucionaria los desarrolló, ampliamente, en la controversia que, el domingo 27 de febrero de 1932, mantuvo, en el teatro Fuencarral de Madrid, con los dirigentes del PCE Adame y Bullejos 273. En primer lugar el marxismo había dividido siempre al movimiento obrero. Rompió la AIT en 1872, al querer imponer la vía de la conquista del poder político como medio de realización del socialismo. Quienes hablaban de aplicar un método científico, el materialismo dialéctico, no hacían sino reeditar los viejos métodos blanquistas de la conquista del Estado sin haber aprendido, de esas experiencias, que el Estado nunca era un instrumento de liberación, sino que siempre estaba al servicio de la camarilla que lo detenta. Era lo que había ocurrido en Rusia, donde la riqueza y el gobierno estaban en manos de veinte mil funcionarios del PCUS.
En segundo lugar, el marxismo era el padre de la socialdemocracia y el comunismo su “hijo legítimo”. Orobón consideraba que la primera había abandonado, hacía mucho, la lucha de clases y se había convertido en una máquina exclusivamente electoral que, además de conseguir enchufes y carteras ministeriales y votar créditos de guerra y reprimir manifestaciones obreras, cifraba sus esperanzas en obtener una mayoría, de más del cincuenta por ciento, electoral. Entonces, creían, podrían implantar el socialismo. Eran unos ingenuos que no habían aprendido tampoco que el capital no se iba a dejar arrancar sus derechos. Alemania era un buen ejemplo. La socialdemocracia había reprimido las revoluciones de 1919, participado en los gobiernos de los años veinte para gestionar las crisis capitalistas y ahora, se veían incapaces de detener el ascenso de Hitler que los aplastaba sin que de nada les hubiera servido su actuación “como médico del capitalismo en su crisis mortal”.
De esta socialdemocracia era hijo legítimo el comunismo. Practicaba sus mismos métodos electoralistas que convertían a las masas en borregos destinados al matadero. En 1923, con una situación propicia, dudó en actuar porque ya sólo estaba acostumbrado a actuar en las urnas. Después, en 1929, cuando un ministro socialdemócrata fue el responsable del asesinato de treinta trabajadores por ejercer su derecho a manifestarse, ni siquiera fueron capaces de declarar una huelga general. Finalmente, en 1932, en pleno ascenso nazi, aceptaba sin rechistar la disolución de sus milicias. Todo era consecuencia de la traición de la revolución de 1917. Producto de la unidad de acción de social revolucionarios, anarquistas y bolcheviques, fueron los que ahora son partidarios del “frente único” los que, mediante métodos terroristas, la usurparon. Después crearon la III Internacional que no es sino un órgano de agitación al servicio del Estado soviético. Una especie de Compañía de Jesús, que como ella exigía obediencia incondicional so pena de sufrir el cieno de sus campañas de prensa.
Finalmente, como ya se ha dicho, los partidos comunistas no eran sino instrumentos de las políticas que le interesaban al estado soviético. En unos sitios con más capacidad de influencia, por haber logrado encuadrar a grandes masas, y en otros sin apenas presencia real. Era el caso de España. El PCE era más conocido fuera que en el propio país. La prensa bolchevique la daba una importancia fantástica que no podía engañar a los españoles, buenos conocedores de su vida de penuria y pequeñez. La mejor prueba era la trayectoria de algunos de sus principales dirigentes: unos integrados en las filas de la Unión Patriótica de Primo de Rivera o de sus Sindicatos Libres y otros, como Pérez Solís, convertidos al catolicismo por el padre Gafo y enchufados en la CAMPSA. Como ya se ha avanzado, estas duras críticas tenían la finalidad de impedir la expansión del comunismo español.
En definitiva, el comunismo, como la socialdemocracia, había demostrado reiteradamente su incapacidad para construir el socialismo. Era el proletariado el que debía tomar su destino en sus propias manos. No lo iban a emancipar ni los funcionarios bolcheviques, ni sus comisarios. Como tampoco las revoluciones burguesas al estilo de la del 14 de abril de 1931. La interpretación del cambio de régimen de abril de 1931 ocupó un papel central en la obra de Orobón.
261 En la primavera de 1920, una parte de las Juventudes Socialistas, encabezada por su comité ejecutivo, abandonó el socialismo y creó el Partido Comunista Español. En abril de 1921, los sectores del PSOE partidarios de la III Internacional, los llamados “terceristas”, se escindieron tras el tercer congreso extraordinario del partido y crearon el llamado Partido Comunista Obrero Español. Ambos grupos, tras la intervención de Rusia, se fusionaron en 1921.
262 Para su vida se pueden consultar las memorias que publicó bajo el título de Memorias de mi amigo Óscar Perea en 1929. La presencia de Pérez Solis en las preocupaciones de Valeriano Orobón en Ester Martínez, 1998.
263 La trayectoria posterior de Pérez Solís fue tan agitada como lo había sido hasta entonces. Recién regresado de Francia, fue de nuevo detenido y encarcelado, en Barcelona. hasta el verano de 1927. Unos meses después anunció públicamente que abandonaba el PCE y retomaba su fe católica. Era el resultado del trabajo que habían realizado los sacerdotes Chalbaud, jesuita, y Gafo, dominico. El primero, por indicación de una hermana de Pérez Solís le había visitado durante el tiempo que pasó en 1923 en la cárcel de Bilbao. El segundo, lo hizo en Barcelona. Tras el abandono del comunismo regresó a Valladolid, se hizo seguidor de los sindicatos católicos que animaban el cura Gafo y comenzó a trabajar en la delegación de la CAMPSA. Durante la Segunda República se fue acercando hasta la extrema derecha. Finalmente ingresó en Falange Española y participó en la sublevación de julio de 1936 en Oviedo. Sobre ello publicó un libro prologado por el general Antonio Aranda. en 1922 en Valladolid.
264 Valeriano Orobón Fernández, “El Quijote de Lunatschasky”, La Revista Blanca, Barcelona, 15.8.1927. La obra teatral se llamaba El emancipado don Quijote, se estrenó en el Volksteather. Su autor Anatoli Luncharski (1875-1933) había sido miembro del Partido Social Demócrata Ruso antes de incorporarse al bolchevique. Estuvo exiliado entre 1909 y 1917 cuando regresó tras la revolución. Entre 1917 y 1929 fue Comisario de Instrucción Pública. Autor teatral y de algunos trabajos sobre historia del arte, fue nombrado embajador en España en 1933. Falleció en el transcurso del viaje.
265 El Fondo de Socorro de la AIT para los anarquistas rusos se fundó en 1925 y su primer secretario fue el anarquista norteamericano Alejandro Berkman que fue sustituido, tras su expulsión a Francia, por Rudolf Rocker.
266 Valeriano Orobón Fernández, “Cómo informa la prensa rusa sobre España”, Solidaridad Obrera, Barcelona, 2.6.1931. Otros artículos sobre la situación de los anarquistas rusos en El Luchador, Barcelona, 8.5.1931 y Solidaridad Obrera, Barcelona, 20.5.1931
267 José Bullejos, abogado y dirigente de la UGT en Vizcaya en 1917, fue uno de los socialistas que se incorporó al PCE en 1921. Secretario general de su comité central entre 1928 y 1932. Volvió al PSOE en 1936 y, en 1939, se exiló en México. Manuel Adame Misa (1901-?) ingresó en el PCE procedente de la CNT en 1927. Tuvo un importante papel en el sindicalismo sevillano y en el intento comunista de controlar a la Confederación con la creación en 1930-1931 del llamado Comité de Reconstrucción de la CNT. Tanto Adame como Bullejos fueron expulsados del partido en el otoño de 1932. El nuevo secretario del PCE fue otro sevillano José Díaz Ramos. Para la vida del comunismo ortodoxo español durante la Segunda República se puede consultar Rafael Cruz, El Partido Comunista de España en la II República, Madrid, Alianza, 1987.
268 Fueron “Quince años de bolchevismo”, “Manchukuo” y “Stalin, discípulo de Taylor” aparecidos, respectivamente, en CNT, Madrid, 14, 21 y 23.11.1932.
269 La “línea general” hace referencia al lema socialismo es igual a colectivización más electrificación. Línea general hace referencia al elemento de alimentación del sistema eléctrico. El director de cine Sergio Eisenstein rodó en 1929 una película que, originariamente, llevaba este título, aunque posteriormente fue modificado por el de Lo viejo y lo nuevo.
270 En 1921, tras dos años de llamado “comunismo de guerra” los nuevos dirigentes de la Rusia Soviética, ante la deteriorada situación económica y la creciente oposición del campesinado, decidieron modificar su política. Comenzó la llamada “Nueva política económica” (NEP) que revocó los dos principios de la anterior política: la concentración de la autoridad y el poder económica y el abandono de las formas comerciales y monetarias de distribución. Dirigida fundamentalmente al medio rural, restauró la libertad de comercio. Para algunos autores anunció el abandono del internacionalismo revolucionario y la puesta en práctica del “socialismo en un solo país”. Sobre estas cuestiones, E.H. Carr, La revolución bolchevique (1917-1932) 2, Madrid, Alianza, 1972.
271 Frederick Winslow Taylor (1856-1915), ingeniero industrial estadounidense, fue uno de los que primero desarrolló la llamada “idea de la administración científica”. Sus planteamientos, basados en el culto al rendimiento, aunque no tuvieron una aplicación a gran escala, si influyeron en temas como el método de la producción y, sobre todo, en el de la administración de empresas. Sobre estas cuestiones se puede consultar Carlo M. Cipolla (editor), Historia económica de Europa (5). El siglo XX, 1, Barcelona, Ariel, 1981.
272 Valeriano Orobón Fernández, “La sombra de Bismarck”, CNT, Madrid, 15.11.1932.
273 La CNT y los comunistas españoles. Intervención de V. Orobón Fernández en el mitin de controversia celebrado en el teatro Fuencarral de Madrid el domingo 27 de febrero de 1932, s.l., s.e., s.f.