1.3. Valeriano Orobón Fernández en Berlín: la Asociación Internacional de Trabajadores (1925-1931)
Valeriano Orobón Fernández. Anarcosindicalismo y revolución en Europa. José Luis Gutiérrez Molina
2.4 El comunismo de estado no es revolución. V. Orobón.
2.3. Un activo militante: la propuesta anarcosindicalista
2.2. Un traductor comprometido
II PENSAMIENTO Y OBRA. 2.1 Una naturaleza privilegiada.
1.4. De nuevo en España. De Valeriano “El pacificador” a la Alianza Obrera Revolucionaria.
1.3. Valeriano Orobón Fernández en Berlín: la Asociación Internacional de Trabajadores (1925-1931)
Domingo 7 de junio de 2009
Noticias en la misma sección
Desde su llegada entró en contacto con el anarquismo germano y los españoles que, como Diego Abad de Santillán, vivían en el país 95. Hasta que se instaló de forma definitiva en Berlín, en el otoño de 1929, Valeriano Orobón Fernández, residió durante algún tiempo en la propia capital alemana, en Hamburgo, Viena y Leipzig. Su situación económica fue siempre muy precaria. Trabajó de profesor de español dando clases en diversas escuelas de la Academia Berlitz y como profesor particular. Aunque durante los primeros meses contó con la inestimable ayuda de su hermano Pedro 96. La llegada de Valeriano a Alemania se produjo en el contexto de una terrible recesión económica 97. Conocedor de las penurias que pasaba su hermano y dando muestras, una vez más, del “delirio” que sentía por él, Pedro se despidió de los talleres de la Citroen en los que trabajaba y viajó a Alemania 98. Le entregó a Valeriano los ahorros que tenía y le acompañó hasta comienzos de 1927, cuando la situación comenzó a normalizarse. De regreso a Francia, con la documentación en regla, volvió a trabajar de mecánico, ahora en la fábrica Reinaud. De su sueldo, una parte, siempre, fue a parar a su hermano 99.
En 1927 Valeriano Orobón se trasladó a Viena. Iba acompañado ya de Hildegart Taege, la compañera que estaría a su lado hasta su muerte en 1936. Cómo la conoció nos resulta desconocido. Hildegart Frieda Tugendreich Taege, había nacido en diciembre de 1895 en la localidad germano-polaca de Stettin, al parecer, en una familia de ascendencia rusa. Vivía en Berlín durante los años veinte, trabajando en el mundo textil, para el que diseñaba modelos de ropas de mujer. Estaba relacionada con los medios ácratas alemanes, parece que militaba en las juventudes libertarias alemanas, y tenía amistad con Rudolf Rocker y su compañera Milly Witcok 100. En un reciente artículo biográfico 101 se dice, confundiendo evidentemente las fechas, que Hilde regresó a Alemania tras la muerte de Orobón en 1936. Que allí protegió de los nazis a “compañeros perseguidos, entre ellos a Durruti, al que tuvo escondido”. Posiblemente, su autor, se refiera a lo ocurrido en 1927 cuando la llegada de Durruti en el mes de julio. Quizás fuera estos los meses en los que Hilde y Valiuska, como le llamaba familiarmente, se conocieron 102.
Apenas cubriendo los gastos básicos con su trabajo de profesor, durante los años de Valeriano en Alemania tuvo dos actividades fundamentales: de un lado su trabajo como traductor de Max Nettlau, de otra su participación en el secretariado de la AIT residente esos años en la capital germana. A las pocas semanas de llegar a la capital germana, Tiempos Nuevos comenzó a publicar una sección, llamada “Crónica internacional”, que quizás se deba a la pluma de Orobón 103. Después, viajó a Viena en 1927. Posiblemente desde febrero o marzo hasta septiembre 104. A su llegada, en sus bolsillos, llevaba una carta de presentación de Rocker para Max Nettlau 105. El destacado historiador anarquista, a pesar de su fama de retraído, lo recibió y, pronto, entablaron una fructífera relación y una entrañable amistad. Poco después de conocerlo, el austríaco escribió diciéndole que consideraba al “bravo español que me ha enviado, un individuo capaz y excelente” 106. La admiración fue recíproca. Valeriano e Hilde no sólo quedaron impresionados por la personalidad y capacidad de trabajo de Nettlau, sino que mantuvieron un grato recuerdo de los días vieneses. Unos meses más tarde, cuando ya vivían en Leipzig, Hilde le escribió recordando los paseos que dieron por los alrededores de la capital austríaca 107.
Aunque el hecho más importante fue que, de su mutua confianza en sus capacidades, surgió una importante colaboración que tantos frutos dio para la historia del movimiento obrero. El más destacado, la traducción que Valeriano realizó de la monumental obra de Nettlau sobre Eliseo Reclus 108. El primero de sus dos volúmenes se puso a la venta a mediados de 1929 con el título de Eliseo Reclus. La vida de un sabio justo y rebelde 109. Aunque no era su primera traducción 110, si fue el de mayor importancia que realizó durante aquellos años.
Durante el otoño de 1927, o comienzos de 1928, Orobón dejó Viena y a su ya siempre admirado, Max Nettlau. Se trasladó a Leipzig y comenzó a trabajar en la escuela que la Berlitz tenía allí 111. Desde el año anterior había comenzado a colaborar en La Revista Blanca, quizás por influencia de Nettlau sobre Federico Urales. Las veinticinco pesetas por artículo que cobraba 112 le ayudaban a completar su poco boyante economía que se vio afectada por la débil salud del vallisoletano. Las dificultades económicas se concretaban en una deficiente alimentación, que no compensaba las largas horas de estudio, para aprender el alemán, y trabajo, en sus artículos. Ya en Leipzig, tuvo que estar enfermo pues el propio Nettlau le escribió preocupado por las noticias que recibía 113. Valeriano se las desmintió y le aseguró que continuaba trabajando normalmente. Hasta el punto que utilizaba la máquina de escribir que le habían regalado para pasar a limpio la traducción manuscrita de la biografía de Eliseo Reclus.
Fue en agosto cuando recibió una oferta de la academia de trasladarse a Inglaterra, al centro que tenía en Londres. En un principio Orobón se entusiasmó por la idea. Le permitiría aprender inglés y satisfacer un deseo soñado desde hace tiempo: conocer la situación social del país cuna de la revolución industrial. Las dificultades, separarse de Hilde y la situación económica en la que quedarían, al tener que mantener dos casas en vez de una, no le arredraban. Su “niña valiente” encontraría trabajo en Berlín y terminaría por marchar a Londres cuando, tras el semestre de prueba, estuviera definitivamente instalado 114. Su salida estaba prevista para los últimos días de septiembre, ya que el uno de octubre comenzaría a trabajar en la capital británica.
Los proyectos terminaron concretándose. A mediados de septiembre, tras dejar la casa y el trabajo en Leipzig, Valeriano e Hilde se encontraban en Berlín. Hasta su marcha a Londres se instalaron en la casa de Agustín Souchy 115. No había podido terminar, como le hubiera gustado, la traducción del Eliseo Reclus y seguía con atención el enfrentamiento que tenía lugar en España entre Federico Urales y el comité nacional de la CNT, por la cuestión del reparto de los fondos de los comités pro-presos. Aunque Orobón Fernández atribuía el incidente, fundamentalmente, a que “cuando las fuerzas disminuyen, las disputas se multiplican” 116.
Llegó a Londres unos días antes del uno de octubre, fecha en la que comenzó a trabajar. La escuela estaba en Oxford Street, en el centro de la ciudad, mientras que él vivía en Hammersmith, al oeste de la ciudad 117. Desde los primeros días, el bullicio londinense le desagradó. Además se sintió aislado en una “colmena que come, trabaja, bulle y lee periódicos estúpidos, y que parece haber olvidado le facultad de pensar”. Sólo los sábados y domingos se encontraba “en libertad”, cuando no iba a la academia y podía trabajar en la traducción de Reclus. Además, los problemas económicos de Hilde en Berlín le preocupaban. Sin trabajo y sin que le pudiera enviar apenas dinero porque debía cancelar deudas y, consideraba que la vida en la ciudad era muy cara, su encuentro se presentaba difícil 118. De todas formas Valeriano todavía tiene fuerzas para escribir de noche, al regreso del trabajo, y, sobre todo, mantener la esperanza que le recomienda Nettlau. Aunque recuerda Viena, ciudad que le gusta más que Londres.
Fuerzas y esperanzas que unas semanas más tarde habían disminuido considerablemente 119. El duro otoño británico, sus brumas, frío y lluvias, le afectaban de tal forma que, ni siquiera sus frecuentes visitas a la biblioteca Británica lograban compensar 120. Le gustaba pasear, por recomendación de Nettlau, por Hyde Park y, más aún por Kew Gardens, el inmenso jardín botánico. Continuó con la traducción de la obra de Max Nettlau y no perdió el horizonte de las noticias de España y de las actividades de la AIT berlinesa. A mediados de noviembre cayó enfermo. Su estómago, sus nervios, toda su naturaleza, dejó de funcionar. El tratamiento médico tardó en hacerle efecto. Durante quince días ni trabajó, ni apenas comió. Pero además, le surgió la duda de si continuar en Londres. No se sentía a gusto en la ciudad y no podía trabajar. Adiós planes de estudios y, sobre todo, “después… ¿qué hacer?” 121.
Por un momento pensó regresar a España. Había mantenido correspondencia con sus padres y éstos le insistieron en que, gravemente enfermo, podía intentar volver a Valladolid. Quizás las autoridades no le detendrían. Valeriano no pensaba así. Estaba seguro de que si volvía sería encarcelado en la misma frontera. Además, ¿se separaría de Hilde?. Finalmente decidió volver inmediatamente a Berlín. Perdía el trabajo, pero creía que, con un par de meses de descanso, en un medio más favorable para él, podía recuperarse totalmente. Pensaba que no le resultaría difícil volver a encontrar trabajo en otra academia. A comienzos de diciembre se puso en marcha. Dejó Londres y, unos días después, hacia el día cinco, llegó de nuevo en la capital alemana.
Valeriano e Hilde alquilaron una casa en el barrio de Südende 122. Allí, poco a poco fue recuperándose. Los intensos dolores de cabeza que padecía fueron remitiendo y aumentó el tiempo que podía trabajar en las traducciones para los Montseny, su principal fuente de ingresos de esos meses. A fines de enero de 1929 continuaba convaleciente, con la “dulce pereza” que le acompaña. Además, una buena noticia le auguró un mejor futuro económico. Terminada la traducción de la obra de Nettlau, y acordado el precio con Federico Urales, este le encargó otra de la obra de George Brandes, Las grandes corrientes de la literatura en el siglo XIX 123. También, aunque fuera de forma provisional, Hilde había encontrado un trabajo. No importaba que hiciera mucho frío y helara, el cielo estaba azul y el sol, aunque calentara poco, brillaba. A medida que el tiempo mejoró con la llegada de la primavera, durante los fines de semana realizaron, en compañía de amigos, excursiones a lagos cercanos como Wannsee o Linnewitzsee.
Las excursiones al Wannsee, más cercano a Berlín, podían ser durante la semana. Más alejado, Linnewitzsee se reservaba para el domingo “el día de la libertad”. Ambos lagos eran, y todavía hoy lo son, concurridos lugares de esparcimiento a donde las clases populares acudían a tomar el sol, remar e, incluso, pescar. El Wannsee, que sigue siendo el más típico, está lleno de barcos de recreo, playas y veraniegas terrazas. Linnewitzsee es un pequeño lago escondido en los alrededores de Potsdam al que se llega tras un viaje por ferrocarril y una pequeña caminata. Un bucólico paraje, estaba dotado de una pequeña cabaña para pescadores. Todavía hoy sigue siendo un tranquilo y romántico lugar sin apenas construcciones. En una ocasión fueron con Nettlau, que los visitó de paso hacia España 124. Salidas a las que solían acudir también otros amigos como Gerhard Wartenberg, químico y redactor de Der Syndikalist, que murió en un campo de concentración nazi; Mollie Steimer, una conocida anarquista expulsada de Rusia y los Estados Unidos, y su compañero Senya Flechine, un ruso emigrado a los Estados Unidos de donde regresó tras la revolución de 1917; Kate Sietznech, Lleta Kraus-Fessel, Kate Prelgrich o Guntar Seiphe 125.
El calor y los baños que necesitaba la salud de Valeriano le devolvieron el espíritu. En septiembre, ambos hicieron un corto viaje a Rügen, una isla del norte alemán, próxima a la frontera polaca, cercana a Rostock. Querían aprovechar los últimos días veraniegos. Para entonces, Valeriano estaba de nuevo en plena actividad. Además de su trabajo como profesor y las traducciones para los Urales, desde abril, hasta agosto, se hizo cargo de la secretaría del comité de la AIT, por la marcha de Agustín Souchy a la Argentina, y estaba al día de la situación en España que, tras cinco años de dictadura, comenzaba a agitarse 126. Aunque, a corto plazo, Valeriano se mostraba pesimista. El exilio del dictador y su sustitución por Berenguer lo interpretaba como un intento de la monarquía por evitar cambios más profundos. No compartía el optimismo de los republicanos. Era cierto que la conciencia popular había sufrido un revulsivo, pero no hasta el punto de enfrentarse al ejército que era el máximo sostén real. Una républica sería el resultado, no de una convulsión revolucionaria, sino, en todo caso, de unas elecciones. Poca cosa pero que habría que aprovechar para trabajar desde la legalidad en favor de las ideas anarquistas. Las persepectivas eran buenas. La CNT se reorganizaba rápidamente en Cataluña, Levante y Andalucía; la campaña pro-amnistía devolvería a las calles y a España a presos y exiliados de los años anteriores 127.
Entre ellos él mismo. Desde la primavera está preparando su vuelta a España. Ha establecido relaciones profesionales, como traductor, con la editorial madrileña Zeus que le podría facilitar la seguridad económica del regreso. Le pagan bien, “de forma diferente al pobre Urales”, y ahorra para el deseado periplo 128. De momento, el viaje sería para acudir a las sesiones del congreso de la AIT previsto, para octubre, en Barcelona. Tras la enfermedad, su mejoría y las buenas perspectivas que se abrían le levantaron el ánimo. Continuó con sus salidas por los alrededores de Berlín, que tan bien le sentaban a su salud. Como miembro del secretariado de la AIT acudió al congreso de la FAUD; se encargó de la preparación del comicio barcelonés y de la redacción de la ponencia sobre la cuestión agraria. Texto que conllevaba la dificultad de estudiar y aunar en un programa las diferentes realidades de los países 129.
El congreso de la Internacional, a pesar de contar con la autorización del gobierno español, fue finalmente suspendido. Sin embargo, el viaje a España continuó adelante. A mediados de septiembre, Hilde y Valeriano salieron de Berlín. Primero fueron a Ginebra. ¿Por qué? Lo desconozco. El Diccionario biográfico del movimiento obrero francés, dice que participó en una conferencia internacional anarquista celebrada en París 130. Según la documentación que se conserva del ministerio de la Gobernación español, se celebró una reunión de anarquistas españoles en Vigneux, en las cercanías de Villeneuve- Saint George 131. Pero tuvo lugar a finales de julio. Por lo demás, hasta su llegada a España, sólo tengo la referencia de una postal que, fechada en Ginebra, enviaron a Nettlau el día veinte 132. Nada más entrar en el país tuvieron la primera contrariedad. Valeriano fue detenido y encarcelado en el penal de Figueras. Según unos testimonios, corroborados por el propio Valeriano, la detención se produjo en la frontera 133. Pero también, se ha dicho que lo fue, tras participar en una conferencia de grupos de la FAI, celebrada para aconsejar a todos los anarquistas que ingresaran en los sindicatos de la CNT si no lo habían hecho ya 134.
Fuera como fuere, permaneció encarcelado durante unos días. Después, siguió con el itinerario previsto. Primero a Barcelona y, después, a Valladolid de donde faltaba hacía seis años. Desde su ciudad natal tenía previsto visitar Madrid, Toledo y, posiblemente, Sevilla. A la ciudad andaluza no llegó. Tras ser puesto en libertad, las autoridades españolas lo mantuvieron bajo vigilancia continuamente y en una especie de “libertad vigilada” con prohibición de abandonar el país. La causa, posiblemente, estuviera en la evasión de sus deberes militares. Nada seguro sabemos, sólo que hasta la segunda mitad de enero de 1931 no pudo regresar a Alemania 135. Hasta entonces permaneció en Valladolid, donde pasó las navidades y el fin de año, y viajó, al menos una vez, a Toledo, de visita turística, y a Madrid.
Eran días tormentosos. Desde los primeros días de octubre, se esperaba un levantamiento militar de tendencia republicana. La CNT estaba perfectamente informada de las actividades del comité militar encabezado por Queipo de Llano, Díaz Sandino, Ramón Franco y Alejandro Sancho, entre otros 136. De hecho, se llegó a decir que la fecha prevista era la del día diecinueve. Tan en serio se lo tomaron las autoridades que el día once fueron detenidos algunos de los miembros del comité, catalanistas e integrantes del comité nacional de la CNT. Por esos días, Valeriano Orobón se paseaba por las calles de Madrid. ¿Era un viaje de recreo? Ni él ni las autoridades lo consideraban así. Lo volvieron a retener brevemente y él mismo, escribió “el viaje de recreo apenas traerá recreo alguno” 137.
De hecho, la tardanza de su salida de España quizás no pueda ser sólo atribuible a los impedimentos del gobierno. La tormenta que agitaba el ambiente, sólo se calmaría temporalmente tras el fracaso de la sublevación de Jaca y el fusilamiento de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández. Un sosiego que antecedió al vendaval que arrojó al exilio a la monarquía. Pocos días después de los sucesos de la localidad pirenaica, Hilde y Valeriano viajaron a Toledo y, a su regreso, fue detenido en Valladolid y, después, liberado bajo vigilancia 138. Sólo la confianza de las autoridades monárquicas en que controlaban la situación, sobre todo tras el fracaso insurreccional, parece estar detrás de la autorización que recibió para abandonar España. A principios de febrero ya estaban de nuevo en Berlín. Alojados provisionalmente en el domicilio de su amiga, la señorita Kreus-Fessel 139.
El viaje lo habían hecho a través de la frontera vasca. Orobón tenía cierta prevención de que al pesar sobre él una orden de expulsión del país galo, la policía pudiera detenerle 140. Sobre todo si se tiene en cuenta que las autoridades españolas le continuaron vigilando hasta que logró despistar a sus seguidores. Tras detenerse durante algunas horas en París y Bruselas, llegaron a Berlín cansados y resfriados. Pero sobre todo venían seguros de que, más pronto que tarde, la monarquía caería. Un consuelo en el panorama fascista que veía avanzar por todas partes 141. Además, desde los ataques de Souchy y su viaje a España, se había alejado de la actividad diaria del secretariado de la AIT. Aunque continuó redactando la ponencia sobre la cuestión agraria prevista para el aplazado congreso. Ahora se pensaba realizarlo en España, coincidiendo con el congreso previsto por la CNT, en mayo o en junio, o en Suiza 142.
El mayor tiempo de estos meses en Alemania, hasta su definitivo regreso a España a fines de 1931, lo dedicó a traducir para la editorial Zeus. En sus propias palabras “cada cuarenta días un libro”. Todos novelas de carácter social escritas por autores como Plivier, Steinberg, Vera Figner o Ludwig Renn 143. Necesitaba el dinero no sólo para vivir, sino para preparar su regreso a España. Opción cada vez más clara, sobre todo después de la proclamación de la República. La situación política y social alemana eran cada vez más insostenible por el ascenso imparable de los nazis y, además, desde los enfrentamientos con Souchy se encontraba aislado de los compañeros anarquistas. En sus palabras no había “encontrado en nuestro movimiento ningún círculo donde pudiera yo trabajar con entusiasmo” 144. No tenía ningún interés en trabajar en un ambiente viciado por las incompatibilidades y los ataques. Tras abandonar la actividad diaria, se fue retirando a un segundo plano. El que mantuvo en junio en Barcelona.
A fines de mayo de 1931, Valeriano Orobón Fernández regresó a España. Nuevamente de forma temporal. Acudía a los congresos que la AIT y la CNT iban a celebrar el mes de junio en Madrid 145. Salió de Berlín a fines de mayo en un grupo formado por Agustín Souchy, Rudolf Rocker y el delegado de la SAC sueca, Albert Jensen. Se dirigieron a París en donde se le agregaron los holandeses Albert de Jong, delegado de la Oficina Internacional Antimilitarista, y Wolthuis Rosseau y Jan Woaci, delegados de la Nederlandsch Syndikalistich 146. De la capital gala, en tren, hacia Barcelona. Llegaron el viernes cinco por la mañana. Se trasladaron a la redacción de Solidaridad Obrera, donde se entrevistaron con su director, Juan Peiró y, después, a la pensión, cercana a Las Ramblas que les habían asignado. Hasta su salida para Madrid, el martes nueve, visitaron diversos lugares de la ciudad, como el castillo de Montjuich, se perdieron por sus calles y visitaron a viejos conocidos de Berlín, como Durruti o Ascaso.
Para el domingo siete, la CNT organizó un mitin en el que intervinieron algunos de los delegados al congreso de la AIT que se encontraban en la ciudad 147. El numeroso público que asistió, entre quince y veinte mil personas, impresionó a los delegados extranjeros. La intervención de Orobón Fernández tuvo uno de sus ejes en responder los ataques que el anarquismo recibía de la Unión Soviética 148. Era la continuación de la serie de artículos con los que había comenzado a colaborar en la Soli desde la primavera. En ellos denunció la persecución del anarcosindicalismo en Rusia y promovió cuestaciones para el fondo de ayuda creado por la AIT 149. Aunque, quizás, su contribución más importante de estos meses en la prensa confederal fueron los dos artículos que publicó, en el diario barcelonés, con el título de “Consideraciones sobre la revolución española y la misión de la Confederación Nacional del Trabajo” 150. En ellos establecía la posición de los anarquistas frente al régimen republicano y señalaba a los nuevos gobernantes las prioridades, como el problema de la tierra o el paro, que debían afrontar.
El martes nueve de junio Valeriano y sus compañeros de la AIT viajaron, en el tren fletado por la CNT catalana para trasladar a sus delegados, a Madrid. En la capital del estado fueron recibidos por el secretario nacional, Ángel Pestaña con quien Orobón y Rocker compartieron la noche intercambiando opiniones sobre la situación política y social española y la interna de la Confederación. Valeriano se alojó en casa de su hermana, mientras que Rocker lo hizo en la pensión en la que ya estaba alojado el delegado de la FAUD, Karl Windhof. Hasta la inauguración del congreso cenetista, el jueves once, los tres se dedicaron a visitar el museo del Prado, los diversos barrios y participar en el acto que, como en Barcelona, los sindicatos madrileños habían organizado para presentar los congresos que se iban a realizar. Una vez finalizadas sus sesiones, el grupo con el que había viajado regresó a Alemania. Antes visitaron Toledo y volvieron a pasar unos días en Barcelona. No había terminado el mes cuando había recuperado la rutina cotidiana de Berlín.
El regreso a España se aproximaba y había que prepararlo. Acelerando las traducciones para contar con dinero suficiente, pues no contaba con un trabajo seguro, salvo los encargos de la editorial Zeus que comenzaba a dar signos de tener problemas económicos. De todas formas, aún tuvo tiempo para, en agosto, viajar a Estocolmo para asistir al congreso de la SAC. Organización de la que se mostró muy interesado por su buena organización y trabajos. En Suecia permaneció hasta finales de mes y, antes de comenzar septiembre, regresó a Berlín 151. Eran los días previstos para volver a España. Sin embargo los planes se retrasaron. A mediados de octubre Hilde y Valeriano continuaban en Berlín. Había dejado en manos de Felipe Aláiz 152 las traducciones que realizaba de los artículos de Max Nettlau para La Revista Blanca y le daba vueltas a la forma de exponer su posición ante la situación del anarcosindicalismo español en cuyo seno se enfrentaban, cada vez con mayor virulencia, las diversas corrientes. Orobón tenía su “propia vía”, que compartía su ya íntimo amigo Nettlau, que esperaba evitara la “autodestrucción mutua, de la que ya existen algunos síntomas” 153.
Finalmente, la semana del 21 al 27 de septiembre abandonaron Berlín. Atrás quedaban cinco años de intensa militancia durante los que había encontrado a su compañera y terminado de madurar su pensamiento. Valeriano Orobón Fernández acababa de cumplir treinta años y regresaba a España como uno de los referentes más preclaros del pensamiento anarquista europeo. No iba a defraudar a quienes esperaban las más altas empresas de él. Le quedaban apenas, otros cinco años de vida y no los iba a desaprovechar
95 Abad de Santillán, recuerda la llegada a Berlín de Orobón Fernández en Memorias, 1897-1936, Barcelona, Planeta, 1978, pág. 93.
96 Para el viaje de Pedro a Berlín, Manuel Pérez, Mi actuación como militante de la C.N.T. y anarquista español, mecanografiado, Río de Janeiro, 1951.
97 De entre la abundante bibliografía sobre los años de la llamada República de Weimar alemana se puede consultar, para una visión general, Runhard Kuhnl, La República de Weimar, Valencia, Edicions Alfons El Magnànim, 1991.
98 Además, Manuel Pérez nos dice que, en la decisión de salir de Francia tuvo también parte el gobierno francés. Como a Valeriano también decidió expulsar a Pedro. Fue la gota que colmó el vaso de sus dudas sobre si acudir, o no, junto a su hermano.
99 Apagado, quizás, por su hermano la figura de Pedro Orobón Fernández se nos presenta indisolublemente unida a la de Valeriano. Por su relación, física y económica, en sus exilios francés y alemán, pero también por las similitudes en sus habilidades, manuales las de Pedro -al parecer fue un excelente mecánico- e intelectuales -el estudio- de Valeriano. De todas formas, ambos fueron políglotas y, algunos de los que los conocieron, como Manuel Pérez no duda en decir que “ puedo afirmar, sin cometer una injusticia, que Pedrito le superaba en inteligencia”. De sus capacidades, el militante andaluz nos cuenta que de la estancia en Berlín, apenas seis meses, Pedro le contó a su regreso a Francia, que “he pasado mucha hambre, pero he visto cosas muy interesantes y … he aprendido un nuevo idioma”. Había añadido el alemán, al francés e italiano que ya dominaba..
100 La referencia a su amistad en Rudolf Rocker, Revolución y regresión (1918-1951), Buenos Aires, Editorial Tupac, 1952, pág.177. Rocker (1873-1958) es una de las figuras más importantes del anarquismo del siglo XX. Huérfano, comenzó a trabajar de encuadernador. Su primera militancia fue socialdemócrata, partido del que fue expulsado en 1890. Se hizo anarquista y en 1892 fue expulsado de Alemania. Vivió hasta 1895 en París y, después, se instaló en Londres. Fue uno de los impulsores del “movimiento judío de carácter anarquista” para el que editó diversos periódicos entre 1898 y 1900. Participó en la creación, en 1906, del círculo anarquista de la calle Jubilee, foco de irradiación ácrata hasta su cierre por las autoridades en 1914 por su oposición a la guerra. Permaneció internado en un campo de concentración durante el conflicto. Participó en la conferencia anarquista de Amsterdam de 1907. En 1918 fue expulsado de Inglaterra y las autoridades alemanas no le permitieron la entrada en el país. Se instaló en Amsterdam hasta que finalmente se le permitió regresar a su tierra natal. Durante los años siguientes intervino en la creación del sindicato anarcosindicalista alemán FAUD y en la reconstrucción de la AIT. Perseguido por las autoridades nazis, tras el asalto de su casa, pudo escapar en 1933. Se instaló en los Estados Unidos donde permaneció, como la figura más destacada del anarquismo, hasta su muerte. Autor prolífico destacan entre sus obras, Nacionalismo y cultura, una biografía de Max Nettlau y sus memorias citadas en el texto. Su compañera fue Milly Witcok (1877-1953) otra anarquista de origen judío de gran actividad militante.
101 Benjamín, “La impagable colaboración de la mujer en la lucha. Hildegart Taege de Orobón”, Polémica, Barcelona, nº 21, marzo-mayo 1996, pág. 20.
102 Hildegart acompañó a Valeriano Orobón en todas sus vicisitudes hasta su muerte en junio de 1936. Después, permaneció en España durante la Revolución y la guerra, hasta la derrota en 1939. Logró escapar a la ratonera del puerto de Alicante y se dirigió, en barco, hacia Argel. Se instaló en Argelia, en ciudad de Blida, bajo el nombre de María Ituri, nacida en Bilbao. Trabajó de taquillera hasta que, cuando la independencia argelina, tuvo que abandonar el país. Regresó a Francia a París, donde vivió hasta su muerte. Se negó a regresar a España, a pesar de la insistencia de Luis Orobón y su compañera Ester Martínez, tras la desaparición de Franco porque no quería vivir en una monarquía. Entre los compañeros y amigos de Valeriano, Hilde fue conocida como Gilda por su belleza. No fue hasta 1977 cuando recuperó, para el estado, su personalidad al hacerse expedir un pasaporte de la República Federal Alemana con su auténtico nombre. Hilde falleció el 14 de diciembre de 1985 en una residencia de la localidad de Vincennes. Además del artículo citado en la nota anterior he utilizado documentación proporcionada por Ester Martínez, Vicente García Pérez y Antonia Fontanillas.
103 El primero en el número 40 correspondiente al 29 de octubre de 1925.
104 Desconocemos cualquier referencia de la fecha exacta del viaje de Orobón a Viena. Sin embargo, en mayo de 1927 apareció en La Revista Blanca un comentario suyo al último libro publicado por Nettlau. Durante el verano continuaba en la capital austríaca, pues en la revista de los Montseny apareció, en agosto, un suelto en el que se anunciaba la publicación de un artículo sobre los sucesos que se habían desarrollado los días 15 y 16 de julio. En, respectivamente, Valeriano Orobón Fernández, “Un nuevo libro de Max Nettlau”, La Revista Blanca, nº 96, 15.5.1927, págs. 744-746; “Los sucesos de Viena”, Suplemento de La Revista Blanca, nº101, 1.8.1927, pág. 111 y Valeriano Orobón Fernández, “En torno a los sucesos de Viena. El dolor de una tragedia inútil”, Suplemento de La Revista Blanca, nº 102, 15.8.1927, págs. XI-XIV. Los incidentes de los días 15 y 16 de julio, que ocasionaron unos ochenta muertos y más de mil heridos, fueron el resultado de los enfrentamientos entre las milicias armadas de los partidos católico y socialdemócrata. El origen estuvo en la absolución de los derechistas que habían asesinado en enero, en un pueblo fronterizo con Hungría, a un niño y a un joven socialista. Tal como se conoció la sentencia comenzaron los disturbios: Viena se paralizó por una huelga general y la policía y el ejército cargó sangrientamente contra las manifestaciones que intentaban llegar hasta el parlamento. El palacio de Justicia y la redacción del diario del partido católico fueron incendiados.
105 Max Nettlau (1865-1944) nació en Austria y es considerado el más importante de los investigadores e historiadores sobre el anarquismo. Filólogo de formación vivió entre Londres y Viena. Viajó por toda Europa en busca de documentación para sus estudios. Escribió una biografía, en tres volúmenes, de Miguel Bakunin, aún inédita, y numerosos trabajos sobre el movimiento obrero español. Tras la anexión alemana de Austria se exilió a Holanda. En Amsterdam murió. Su obra y vida está a la espera de un trabajo en profundidad inexistente hasta hoy a pesar de la interesante obra existente de Rudolf Rocker, Max Nettlau. El Herodoto de la Anarquía.
106 Cita textual de una carta de Max Nettlau a Rudolf Rocker citada en la obra de este último, Revolución y regresión (1918-1951), Buenos Aires, Editorial Tupac, 1952, pág.177.
107 En carta de Valeriano Orobón Fernández, dictada y firmada a Hilde, a Max Nettlau, Leipzig, 20,8.1928. En Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, Fondo Max Nettlau, Correspondencia [En adelante IIHS-FMN]. Tengo que agradecer a Kees Rodenburg, del Instituto, la amabilidad que ha tenido proporcionándome informaciones y materiales, como estas cartas, fundamentales para el trabajo.
108 Orobón comenzó la traducción en 1928. Antes de partir hacia Londres, en septiembre, tenía traducida prácticamente toda la obra y corregida y revisada sus primeras doscientas páginas. Durante el otoño llegaron a España los primeros capítulos totalmente trerminados, listos para ser compuestos y a falta de revisar las pruebas antes de su publicación. Antes de finalizar el año la traducción completa estaba en manos de Federico Urales. El primer tomo fue compuesto durante diciembre de 1928 y se realizaron dos pruebas, durante los días finales de 1928 y primeras semanas de 1929. Una primera que corrigió Orobón y otra segunda que pasó por las manos de Nettlau. El segundo tomo fue compuesto y corregido durante 1929. No conocemos con exactitud cuánto cobró Valeriano por Ia traducción. Pero sí que mantuvo un áspero cruce de cartas con Federico Urales por esta cuestión. Le pidió 750 pesetas que, al editor, le parecieron “más de lo que nosotros creíamos”. Algo que irritó profundamente a Valeriano no sólo porque sabía que una empresa burguesa pagaría incluso el doble, sino porque creía que, vendiéndose la mitad de la tirada prevista, diez mil ejemplares, el beneficio editorial sería substancioso beneficio. No estaba dispuesto a dejarse explotar “en nombre de la causa”. Urales le escribió una larga carta en la que le habla de la edición. En Cartas de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau de 20.7.1928 (Leipzig), 26.81928 (Leipzig, 19.9.1928 (Berlín), 15.10.1928 (Londres), 17.11.1928 (Londres), 1.12.1928 (Londres), 2 3.1.1929 (Berlín), 11.4.1929 (Berlín) En IIHS-FMN.
109 El título fue idea del propio Federico Urales que se lo propuso a Orobón Fernández y contó con la aprobación de Max Nettlau. En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Londres, 1.12.1928. La aparición en el mercado en Suplemento de La Revista Blanca, nº 146, Barcelona, 15.6.1929. Los dos volúmenes fueron impresos en Impresos Costa de la calle conde de Asalto, 45 de Barcelona. En el primero figuró un prólogo de Max Nettlau fechado en agosto de 1928. Como editores figuraron Publicaciones de “La Revista Blanca”, en el primer tomo, y Editorial La Protesta de Buenos Aires, en el segundo. Max Nettlau, Eliseo Reclus. La Vida de un sabio justo y rebelde, Barcelona, Publicaciones de La Revista Blanca- Editorial La Protesta, Barcelona, 1929.
110 La primera traducción de un libro debida a Orobón que conozcamos fue la del trabajo de E. Armand, Reflexiones de un anarquista individualista. Realismo e idealismo mezclados, París, Librería Internacional, 1926. Para más detalles ver el apartado segundo del capítulo 2.
111 Posiblemente, antes, estuviera en Hamburgo, trabajando en la misma cadena de academias. Son los únicos meses, hasta se regreso, a España en los que pudo estar si nos atenemos a las informaciones que nos aseguran su estancia en la ciudad hanseática. En Angela Orobón (s.f.), Ester Martínez, 1998 y Salvador Cano Carrillo, Valeriano Orobón Fernández, Ruta, Caracas, nº 26, 1.2.1976, pág. 18.
112 Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín, 20.12.1928 en IIHS-FMN.
113 Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Leipzig, 12.7.1928 en IIHS-FMN. Su domicilio durante estos meses fue L/Stork Leipzig C.1. Bayerschestrasse 40, I.
114 Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau [Dictada y firmada por Hilde], Leipzig, 20.8.1928. El apelativo cariñoso a Hilde en carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Londres, 15.10.1928. Ambas en IIHS-FMN.
115 El domicilio berlinés de Agustín Souchy era Auguststrasse 22, Berlín-Wilmensdorf. Souchy (1892-1984) militó desde muy joven en el anarquismo. En 1915, por negarse ir a la guerra, huyó a Suecia, de donde también fue expulsado por su militancia antimilitarista. Regresó a Alemania en 1919 y participó en la fundación de la FAUD, de cuyo periódico Der Syndicalist fue director. Fue miembro del secretariado de la AIT hasta que, en 1933, tuvo que huir de la persecución nazi. Se instaló en Francia donde vivió, con numerosos viajes a España, sobre todo durante el periodo revolucionario, hasta que en 1942, tras la ocupación, se exilió de nuevo a México. Regresó a su país natal en 1961 trabajando para la Confederación Internacional de Organizaciones del Trabajo (ILO) como maestro. Tras su jubilación colaboró, como free lance, en diversos periódicos.
116 Consideraba, además, que la cuestión debía resolverse con la dimisión del comité nacional de la CNT y que Federico Urales reconociera que no debía proclamarse ser el “más hábil, inteligente y sagaz”. En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín, 19.9.1928, IIHS-FMN. El incidente lo recoge en toda su extensión, incluyendo la bofetada que Federica propinó a Pedro Foix, en Federica Montseny en Mis primeros cuarenta años, Barcelona, Plaza y Janés, 1987, págs. 34-37. Los problemas de Federico Urales y la CNT no terminaron aquí. Su expulsión del sindicato barcelonés al que pertenecía fue discutido en el Pleno Nacional de Regionales celebrado en Madrid a fines de agosto de 1932. En Boletín de la C.N. del Trabajo de España, Barcelona, nº 10, septiembre de 1932.
117 Su domicilio estaba en el número 266 de King Street, prolongación de las calles Kensington y Hammersmith, en el barrio de este último nombre. La casa estaba junto Ravenscourt Park, en las cercanías de la parada de metro de ese nombre. En Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Londres, 17.11.1928. IIHS-FMN.
118 Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Londres, 15.10.1928. En IIHS-FMN. Su sueldo era de 15 libras que consideraba justas para vivir.
119 Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Londres, 17.11.1928. IIHS-FMN.
120 Se admiró de los fondos y organización de la biblioteca. Por ejemplo, en ellos encontró las obras de Reclus. Si lo hubiera sabido no habría traducido del alemán, las citas de sus obras en francés. En carta citada en la nota anterior.
121 Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Londres, 1.12.1928. En IIHS-FMN.
122 Su dirección era Stephanstrasse 28 IV b/Elster Südende-Berlín. Alquilaron una habitación en el cuarto piso del edificio, “muy cerca de las estrellas …, muy bonita y tranquila”. En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín, 20.12.1928, IIHS-FMN. Südende es un barrio berlinés situado en el distrito de Steglitz que perteneció al antiguo sector oriental. Tanto la calle, que corre paralela al canal de Teltow, como la casa en la que vivió Orobón existen todavía.
123 Georg Morris Cohen Brandes (1842-1927) fue un critico literario e historiador de origen danés. Seguidor de las teorías de Comte y Nietzche, tuvo un pensamiento radical en el que destaca sus críticas al cristianismo. Entre 1877 y 1883 vivió en Berlín. Desde 1917 simpatizó con la revolución rusa. La obra que tradujo Orobón comprende el periodo entre 1872 y 1890. La traducción, efectuada a partir de la edición alemana de 1924, comenzó a aparecer en forma de folletón en La Revista Blanca, desde mayo 1929 y fue publicada, posteriormente, en dos volúmenes en Barcelona, Publicaciones de La Revista Blanca, s.a. Una nota del proyecto en “Las grandes corrientes de la literatura en el siglo XIX”, La Revista Blanca, nº 137, Barcelona, 1.2.1929. El primer capítulo del folletón en Suplemento de La Revista Blanca, nº 143, Barcelona, 1.5.1929. Una edición completa de la obra la editó la Editorial Americalee, en Buenos Aires, a partir de 146. Son seis volúmenes, en dos tomos: 1. Literatura de emigrantes; 2. La escuela romántica en Alemania; 3. La reacción en Francia; 4. El naturalismo en Inglaterra; 5. La escuela romántica en Francia; 6. La joven Alemania.
124 Nettlau pasó por Berlín a finales de agosto de 1929. Aunque no se alojó en casa de Valeriano Orobón, situada en las afueras de la ciudad, sí se vieron con frecuencia durante esos días. Pasaron una tarde en el Wannsee, donde Nettlau, tomó demasiado sol que le produjeron quemaduras, para las que Valeriano le recomendó utilizar crema Nivea. Pasó un fin de semana en su casa, momento en el que visitó también el lago Linnewitzsee, En Cartas de Valeriano Orobón Fernández e Hilde a Max Nettlau, Berlín, 5 y 13.9. 10 y 28.10.29, IIHS-FMN.
125 Senya Flechine militó en el anarquismo ucraniano y fue detenido por las autoridades soviéticas en diversas ocasiones. En 1922, junto a su compañera, fueron liberados por la intervención de los delegados asistentes al congreso de la Internacional Sindical Roja y se instalaron, primero en París y, después, en Berlín donde empezó a trabajar como fotógrafo. Tarea que continuó a partir de 1933 en la capital francesa a donde regresaron ambos tras la llegada al poder de los nazis. En 1940, huyeron del campo de concentración francés donde habían sido internados a México. Vivieron en la localidad de Cuernavaca hasta su muerte dedicados a la fotografía. Actividad en la que alcanzaron un reconocimiento internacional. En Valeriano Orobón Fernández, Hilde y otro ilegible a Max Nettlau Sellin, 26.9.1929; Postal de Valeriano Orobón Fernández, Hilde, Gertud Wartenberg y Kate Prelgrich a Max Nettlau, Ferch-Lienewitz 7.05.1928; Valeriano Orobón Fernández, Hilde, Mollie Steimer, Lleta Kraus-Fessel, Guntar Seiphe, Kate Prelgrich y S. Flechine a Max Nettlau, Lienewitz, 23.?.29. Agradezco a Felipe Orobón y a los profesores de la Universidad de Cádiz Manuel Rivas y Francisco Zayas la ayuda que me han prestado para situar los barrios y lagos berlineses.
126 La creciente actividad anarcosindicalista preocupaba al gobierno que, en abril de 1929, en el transcurso de una reunión clandestina detuvo a casi un centenar de ellos, entre los que se encontraba parte del comité nacional y Federico Urales que había acudido a explicar su posición en el tema que le enfrentaba, por el dinero de los comités pro-presos, Además Orobón se preocupó de que apareciera regularmente la edición del boletín “Presse-Dieurt”. En Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín 11 y 22.4.1929, IIHS-FMN.
127 Carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Netlau, Berlín, 16.4.1930, IIHS-FMN. Sobre el convulso año 1930 español, ha hecho una colorista descripción y acertado análisis Eduardo de Guzmán, 1930, historia política de un año decisivo, Madrid, Tebas, 1973.
128 Sobre la editorial Zeus y las obras que tradujo se puede consultar el apartado 2 del capítulo dedicado a la obra de Valeriano.
129 Para su redacción pidió ayuda a Nettlau. La AIT creada en 1922 no le había dedicado especial atención a esta cuestión. Conocía el acuerdo colectivista del IV congreso de la primera AIT en Basilea, en 1869. En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín, 22.7.1930, IIHS-FMN. El análisis de la ponencia agraria de Orobón en el apartado 1 del capítulo 2.
130 La entrada Orobón-Fernández, Valeriano del Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français, Paris, Éditions de l’Atelier, 1997, CD.
131 La policía francesa interrumpió la reunión que suponía era de la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia. Según el informe que envió a su homónima española detuvo a una veintena de los sesenta asistentes en el momento en el que se estaba eligiendo a un nuevo secretario de la organización. El elegido había sido Manuel Gimeno. En AHN-FCMIN, legajo 59 A, expediente 16.
132 En ella le decía que iban camino de España y que les perdonara por no haberle escrito antes de su salida para confirmarle que había recibido el artículo que le había enviado. Que los siguientes, se los enviara al domicilio de Federico Urales. En Valeriano Orobón Fernández e Hilde a Max Nettlau, Ginebra, 20.9.1930, IIHS-FMN.
133 El de su hermana Angela Orobón Fernández, s.f. y el de la necrológica que en 1936 publicó Manuel Zambruno Barrera, Nobruzan en Solidaridad Obrera, Barcelona, 1.7.1936.
134 Diego Abad de Santillán, Contribución a la historia del Movimiento Obrero Español, Puebla, Editorial Cajica, 1971 Tomo III (1931-1936), pág. 59. No he encontrado referencia a la celebración de este comicio de la FAI. Sin embargo, por esas fechas, la Federación de Grupos Anarquistas de Andalucía publicó un manifiesto en ese sentido en vísperas de la celebración de la Conferencia de Sindicatos de la CNT andaluza. También los grupos anarquistas andaluces, durante el verano de 1930, convocaron un congreso del que desconozco si se celebró finalmente. En Acción Social Obrera, 30.8.1930. Orobón le confirmó su detención en la frontera a Nettlau en una carta que le escribió desde Valladolid el 14.10.1930. Aunque, evidentemente, si hubiera sido detenido en el transcurso de una reunión no se hubiera referido a ella por correo.
135 Cartas de Valeriano Orobón Fernandez a Max Nettlau, Valladolid, 14.10 y 29.12.1930; Madrid, 20.10.30 y Berlín, 2.2.1931.
136 Sobre las actuaciones de este comité y las conspiraciones del otoño de 193O, Eduardo de Guzmán, 1930, historia política de un año decisivo, Madrid, Tebas, 1973 y Melchor Fernández Almagro, Historia del reinado de Alfonso XIII. Como bien es sabido tanto Queipo de Llano (1875-1951) como Ramón Franco (1938) terminaron adhiriéndose a la sublevación de julio de 1936. El capitán Sancho fue un capitán de infantería que tuvo fuertes simpatías con el anarcosindicalismo y estuvo implicado en los movimientos conspirativos de los últimos años de Primo de Rivera. Murió en 1930.
137 Postal de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Madrid, 20.10.30, IIHS-FMN.
138 Postal de Toledo de Valeriano Orobón Fernandez e Hilde a Max Nettlau Valladolid, 29.12.1930, IIHS-FMN.
139 La señorita Kreus-Fessel vivía en Paretzerstrasse 4, en el barrio berlinés de Wilmersdorf. Valeriano e Hilde se instalaron en su casa mientras que su propietaria pasaba una temporada en Viena. En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín, 2.2.1931, IIHS-FMN.
140 Legalmente Orobón no volvió a entrar en Francia. Según informes policiales, antes, fue detectada su presencia en 1927 en Bayona pero no dicen nada más. Más amplia es la documentación existente sobre la solicitud que efectuó en agosto de 1933 para que le fuera levantada la orden de expulsión. El motivo era que iba a pasar algún tiempo en París por necesidades de su trabajo en Filmófono. Sin embargo las autoridades policiales no le habían olvidado. La petición, cursada por la embajada española, al ministerio de Asuntos Exteriores galo fue denegada en base a que, según la prefectura, el trabajo sólo era una excusa que encubría la auténtica causa del viaje: reactivar la propaganda anarquista española en Francia. En ANF, depósito Fontainebleau.
141 Antes de que Orobón saliera de Alemania había caído, en marzo, el gobierno del socialdemócrata Hermann Muller que gobernaba desde las elecciones de 1928 en la que los partidos socialdemócrata y comunista consiguieron el 42 por ciento de los escaños. Convocadas nuevas elecciones en septiembre, el partido nazi se convirtió en la segunda fuerza parlamentaria del Reichstag. En apenas dos años el nazismo se convertirá en la principal fuerza política del país y su jefe, Adolfo Hitler, en enero de 1933, en canciller.
142 Valeriano pensaba que celebrar el congreso en España tendría una mayor resonancia. Pero no creía que el gobierno Aznar les diera el permiso correspondiente. Además, para él, acudir a Barcelona, tras la experiencia del viaje anterior, sería “demasiado largo y arriesgado”. En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Wilmersdorf, 4.4.1931, IIHS-FMN.
143 Todas estas traducciones fueron publicadas por la editorial Zeus entre 1930 y 1931. Para más detalles sobre las traducciones, las obras y sus autores se puede consultar el apartado 2, “Un traductor comprometido”, del capítulo segundo.
144 En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Wilmersdorf, 4.4.1931, IIHS-FMN.
145 El congreso de la CNT tuvo lugar en el teatro del Conservatorio entre los días 11 al 16 de junio de 1931. El de la AIT se celebró en el teatro Barbieri los días 16 a 20 de junio.
146 Un relato pormenorizado del viaje en Rudolf Rocker, Revolución y regresión (1918-1951), Buenos Aires, Ediciones Tupac, 1952, págs. 261-278.
147 El mitin, que comenzó a las diez de la mañana, se celebró en el Palacio de Comunicaciones del Parque de la Exposición de 1929. Intervinieron Sebastián Clará por la redacción de Solidaridad Obrera, Juan Peiró por la CNT, Lazarevitch, por los perseguidos en Rusia, Orobón Fernández por la AIT, Albert de Jong por Holanda, Jensen por la SAC sueca, Huart por el anarcosindicalismo francés y Rudol Rocker por la FAUD alemana. Presidió Antoñeda, un viejo militante confederal. Los discursos fueron emitidos por radio Barcelona, aunque a mitad de la emisión fue interrumpida por orden de las autoridades y contó con las traducciones de Durruti, la del orador francés, Orobón, del sueco y de Rocker. De Jong habló en español. En Solidaridad Obrera, Barcelona, 6 y 9.6.1931.
148 La intervención en Solidaridad Obrera, Barcelona, 9.6.1931. Las denuncias de Orobón de la actuación soviética y las manipulaciones de los partidos comunistas, uno de los ejes de su actuación, se puede ver más ampliamente en el apartado cuarto del capítulo segundo.
149 Dos de estos artículos fueron “Un grito de solidaridad. Por los anarquistas y anarcosindicalistas presos en Rusia” y “Cómo informa la prensa rusa sobre España”. En Solidaridad Obrera, Barcelona, 20.5 y 2.6.1931, respectivamente.
150 “Valeriano Orobón Fernández, “Consideraciones sobre la revolución española y la misión de la Confederación Nacional del Trabajo”, Solidaridad Obrera, Barcelona, 29 y 31.5.1931.
151 En postal de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Estocolmo, 14.8.1931, IIHS-FMN.
152 Felipe Alaiz de Pablo (1887-1959) es una de las más destacadas plumas del anarcosindicalismo español. Destacado periodista, dirigió, o formó parte de la redacción, de los más importantes periódicos españoles. Tras la derrota de la revolución se exiló en Francia. Tradujo a autores como Sinclair o Berneri y fue autor de numerosos folletos. Un estudio biográfico y de su obra es el de Francisco Carrasquer, Felipe Alaiz. Estudio y antología, Madrid, Júcar, 1931.
153 En carta de Valeriano Orobón Fernández a Max Nettlau, Berlín, 12.10.1931, IIHS-FMN. Para la lucha de tendencias en el seno de la CNT, que terminaría con la escisión de algunos sindicatos catalanes, valencianos y andaluces en 1932, se pueden consultar José Peirats, La CNT en la revolución española, Cali, Madre Tierra, 1988, vol. 1, Diego Abad de Santillán, Contribución a la historia del movimiento obrero español, Puebla, Cájica, vols 2 y 3 y De Alfonso XIII a Franco, Barcelona, Planeta, 1987 y Bernardo Pou y Jaime R. Migrañá, Un año de conspiración, Barcelona, Ediciones Rojo y Negro, 1932 . El llamado “Manifiesto de los Treinta” fue publicado en el periódico madrileño La Tierra el 1 de septiembre de 1931. Sobre esta cuestión específica se puede consultar Manuel Buenacasa, La CNT, los Treinta y la FAI, Barcelona, 1933. También Graham Kelsey, Anarcosindicalismo y estado en Aragón 1930-1938. ¿Orden público o paz pública?, Madrid, Gobierno de Aragón-Fundación Salvador Seguí- Institución Fernando el Católico, 1994 y John Brademas, Anarcosindicalismo y revolución en España, 1930-1937, Barcelona, Ariel, 1973.