I. LA VIDA DE UN ANARQUISTA. 1.1.La infancia y primera militancia en Valladolid (1901-1923).Valeriano Orobón.
Valeriano Orobón Fernández. Anarcosindicalismo y revolución en Europa. José Luis Gutiérrez Molina
2.4 El comunismo de estado no es revolución. V. Orobón.
2.3. Un activo militante: la propuesta anarcosindicalista
2.2. Un traductor comprometido
II PENSAMIENTO Y OBRA. 2.1 Una naturaleza privilegiada.
1.4. De nuevo en España. De Valeriano “El pacificador” a la Alianza Obrera Revolucionaria.
1.3. Valeriano Orobón Fernández en Berlín: la Asociación Internacional de Trabajadores (1925-1931)
Domingo 26 de abril de 2009
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Valeriano Orobón Fernández nació en La Cistérniga. Una localidad situada a unos seis kilómetros de Valladolid, en la carretera que la une con Soria. Sita en una importante vía natural de comunicaciones, estuvo habitada desde el Paleolítico. Se han encontrado vestigios celtíberos y romanos. Durante la edad media fue un bastión fronterizo encargado de defender las comunicaciones del Duero. Pascual Madoz la describía, a mediados del siglo XIX, como una “aldea situada entre dos collados, que se alzan 300 pies (Cerro San Cristóbal), con buena ventilación y clima sano: sus casas son generalmente de dos pisos, buena fábrica y bien distribuidas; hay una iglesia parroquial (Santa Águeda), cuya festividad se celebra el 5 de febrero y concurre una gran romería de la capital y otros puntos…” 1. Su industria principal, además de la agrícola, era la fabricación de baldosas, ladrillos, tejas y cal. Fechas en las que tenía una población de 526 habitantes.
En 1851 dejó de pertenecer al ayuntamiento de Valladolid y la reina Isabel II le concedió el título de Villa 2. Su historia está reflejada en su escudo heráldico al que surca una banda de plata, flanqueada por dos chimeneas de fábrica y un puente coronado por un torreón acotado con pinos. La cinta de plata en el cantón rememora la calzada romana, las calzadas del medievo y las carreteras actuales de Soria y Segovia que vienen cruzando el Municipio y comunicando los Valles del Duero y Pisuerga. Las chimeneas evocan los múltiples alfares, hornos y cerámicas que han constituido la base económica de La Cistérniga y contribuido al incremento del casco urbano de Valladolid. También recuerdan al pasado la réplica de su puente romano, el torreón que defendía su acceso y los dos pinos que significan que La Cistérniga forma parte de la comarca de Riberas y Pinares 3.
Desde el primer tercio del siglo XVIII se encuentran referencias al apellido Orobón en La Cistérniga. El abuelo del padre de Valeriano, Agapito, poseía tierras y viñas. Algunas de ellas lindantes con las de Lázaro Martín, el padre de María Martín Pérez. Quizás, esta pudo ser una de las causas por las que Víctor Orobón Gómez se casó con María Martín Pérez. Hijo suyo fue Mariano Orobón Martín de cuyo matrimonio, el 14 de marzo de 1898, con Luisa Fernández Barrios, nacieron Valeriano y sus cinco hermanos 4.
La familia Orobón Fernández parece que gozaba de una desahogada posición económica. Mariano, aunque no es seguro, trabajaba en los talleres de la Compañía Ferroviaria del Norte y cultivaba las tierras y viñas que había heredado de sus abuelos. La madre se dedicaba a “sus labores” y ambos, que sabían leer y escribir, procuraron dar a sus hijos la mejor educación posible. Hasta su traslado a Valladolid, Valeriano acudió al colegio de La Cistiérnaga y, después, a una escuela laica, denominada Institución Libre de Enseñanza, en la que trabajaron los conocidos maestros anarquistas Eusebio Carbó 5 y Luis García Muñoz, Zoais. La fecha del traslado de Valeriano a Valladolid no está clara. Las informaciones familiares difieren sobre si sucedió cuando tenía cinco o seis años, o hacia 1917, cuando había cumplido los dieciséis 6.
Fuera como fuera, en lo que están de acuerdo todos los testimonios, corroborados por su trayectoria posterior y los recuerdos de sus amigos, es en que Valeriano fue un niño muy despierto y destacó pronto. Entre las anécdotas que se conocen de esos años se pueden citar tres. Durante algún tiempo, fue monaguillo. Trabajo por el que cobraba cinco céntimos. Un día observó, como el sacerdote cogía dinero de las propinas que tenían guardado en una hucha. Fue el final de su carrera en la iglesia. Más adelante, en el colegio, recibió como premio un silbato de madera. Sin embargo lo rompió, pues a los hijos del médico les dieron otros mejores que él pensó no merecían. Finalmente, en la escuela de comercio a la que acudió ya joven, obtuvo la totalidad de los premios. El profesor, a modo de chanza, le comentó que no estaba bien que se hubiera llevado todos. Valeriano le respondió que podía repartir los premios entre sus compañeros, pero que el saber era suyo y nadie se lo podía quitar 7.
Era, pues, un chico inteligente, despierto y que desarrolló sus aptitudes gracias a la educación que recibió. De su relación con la escuela animada por el republicanismo y anarquismo local, nació su pensamiento libertario. Aunque en Valladolid, el anarquismo siempre fue minoritario respecto al socialismo, desde la creación en España de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) existieron núcleos ácratas que animaron diversas sociedades obreras y, sobre todo, numerosas iniciativas pedagógicas, bien en forma de periódicos o de creación de escuelas.
En Valladolid, la AIT se fundó en 1869 por iniciativa, entre otros, de Francisco Cea Bermúdez, tipógrafo y tío materno de Ricardo Mella, y José Rodríguez Herreros. En el congreso obrero de Barcelona de 1870, Cea asistió representando a las secciones de tejedores, sastres, zapateros, sombrereros y tipógrafos existentes en la ciudad. Agrupación que existió durante los años siguientes y acudió a los congresos de Zaragoza y Córdoba en 1872. En este último se decidió que la capital castellana fuera la sede del siguiente congreso de la FRE. Para Max Nettlau, tal elección, se debió a que era la única localidad, fuera de Cataluña o Andalucía, que contaba con una organización unida 8. Aunque, finalmente, declarada la Internacional ilegal, el comicio se celebró clandestinamente en Madrid, con asistencia de la sección de Valladolid. Incluso, durante el periodo de decadencia la sección, aunque menguada en número, acudió a las conferencias de 1876 y 1877 de la AIT española 9.
Durante la expansión de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), nueva sección de la AIT en España, en los primeros años de la década de los ochenta, en Valladolid existió una sección de la Unión Manufacturera, que agrupó a los trabajadores de los centros fabriles relacionados con el mundo textil. Entidad que acudió al congreso que celebró esta federación en 1883. Ese mismo año, en el congreso de la FTRE celebrado en Valencia, se decidió que el Comité Federal de la organización residiera en la ciudad castellana. Aunque los internacionalistas vallisoletanos ya habían estado presentes en la conferencia de Gracia, de febrero de 1881, donde se decidió la reconstrucción de la sección española de la Internacional. También acudió al congreso que la federación celebró en Barcelona en 1885 10. Hasta la creación de la CNT en 1910, el movimiento obrero de la ciudad estuvo presente en los diversos intentos de organizar una central obrera de tendencia libertaria. Acudió al Congreso amplio de Madrid de 1891, y a la fundación, en octubre de 1901, también en esa ciudad, de la Federación de Sociedades Obreras de Resistencia de la Región Española (FSORE). En 1904 los ácratas se concentraban en la sociedad de albañiles llamada La Progresiva 11.
Si el asociacionismo obrero libertario tuvo continuidad durante estos años, la prensa la gozó también. Durante los primeros años de la década de los setenta del siglo XIX existió en la ciudad una cabecera llamada La voz del trabajador. En la de los ochenta, se editaron La crónica de los trabajadores (1883) y El Cosmopolita (1884-1885), de tendencia colectivista, cuyos redactores acudieron al congreso de Reus de 1885, Del primero fueron directores Indalecio Cuadrado, que a fines de la década emigró a la Argentina donde murió en los años veinte 12, y Miguel Lozano, miembros del Consejo Federal de la FTRE residente en la ciudad durante estos años. El segundo reapareció, brevemente, en 1901 con una redacción formada por Tapia, Palacios y Gutiérrez y publicó textos de Fermín Salvochea con quien, los militantes obreros de la ciudad habían contactado durante la estancia del gaditano en la cárcel de la ciudad entre 1893 y 1898 13. A comienzos del siglo XX se editó en la ciudad el periódico Tierra Libre. Vivió cinco años y en él escribieron Miguel Ruiz, su administrador en la etapa final, Florencio Tapia, E. Pérez, F. Cámara o F. Martín. Tras su desaparición en 1905, fue relevado por El Nivel, que desapareció en 1906.
Durante la primera década del siglo XX, comenzaron a publicarse en Valladolid periódicos de contenido pedagógico libertario. Entre 1910 y 1911, se editaron Escuela Libre y La Enseñanza Moderna, del que se publicaron tres números, y La Escuela Moderna. Todos ellos estuvieron dirigidos por Federico Forcada, un maestro procedente de Irún, donde ya había creado una escuela moderna, que se estableció en Valladolid hacia 1910. Gozaron, entre otras, de colaboraciones de profesores formados en la escuela creada por Francisco Ferrer en Barcelona. Fueron los casos de José Casasola, Calderón o el propio Forcada. En 1916, apareció La Idea y, antes, Institución Libre.
Unas publicaciones que se correspondían a la existencia de diversas escuelas laicas, modernas, o racionalistas. Unas de tendencia republicana, como la que habían creado los republicanos en 1893 con el nombre de “La Luz de Castilla”; socialista, como la fundada, en 1921, con el nombre de “Universidad Popular Pablo Iglesias” o, como la que, en 1913, creó el libertario Miguel Campuzano García, un joven maestro, de apenas veinte años, nacido en la ciudad. Su existencia fue corta, apenas un año, pues no pudo superar la oposición de las autoridades religiosas. Dos años más tarde, en 1915, llegó a la ciudad Luis García Muñoz, Zoais quien tuvo una intensa actividad como maestro en la escuela local y editor de la revista Ideal, que, finalmente, no llegó a salir 14.
Esta actividad fue la causa de que en la ciudad castellana nacieran algunas de las más destacadas figuras del anarquismo español. Entre ellos se pueden citar a Ernesto Álvarez, quien, a fines del siglo XIX, editó en Valladolid el periódico La Protesta, antes de instalarse en la comarca gaditana del Campo de Gibraltar; Adolfo Bueso, uno de los fundadores de la CNT en 1910, cuya familia emigró a Barcelona cuando contaba con tres años y regresó, brevemente, a Valladolid en 1917; Evelio Boal, que se inició en el anarquismo en su ciudad natal, colaborando en el periódico Tierra y Libertad, hacia 1911, antes de ser asesinado en Barcelona por las bandas para policiales de Martínez Anido, o Pedro Herrera, más joven que Orobón y secretario del Comité Peninsular de la FAI durante la revolución 15. Además, fueron numerosos los contactos con el mundo republicano local. Aunque difíciles, estas relaciones originaron intervenciones de destacados representantes suyos en la creación de escuelas laicas o la celebración de actos culturales. Como los del médico libertario Emiliano Pedrero Mardones, asesinado en julio de 1936, o Emiliano Pineda de la Universidad Popular de Valladolid y corresponsal de la publicación de la familia Montseny, La Revista Blanca. Precisamente, fue en la facultad de Medicina de Valladolid donde estudió Isaac Puente.
El anarcosindicalismo local, aunque minoritario en la ciudad frente a la UGT, mantuvo una gran actividad. En 1914 editaba un periódico con el significativo nombre de Sindicalismo y, al año siguiente, el destacado ácrata local Mariano Manzano Díez acudió a El Ferrol para asistir al Congreso Internacional contra la Guerra, que, además, sirvió para relanzar a la CNT en la clandestinidad desde su creación cuatro años antes. En el congreso cenetista de 1919, Evaristo Sirvente Cristóbal representó al sindicato local. Como, en 1931, lo hizo Miguel Hernández. Además de los sindicatos, agrupados en una federación local, se creó un Ateneo Obrero Sindicalista que, como en otros muchos lugares del país, sirvió de nexo, y presencia continua, de las ideas libertarias en la ciudad. En 1920, fecha de la constitución de la Regional Norte de la CNT, Manuel Buenacasa viajó a Logroño para representar, en el primer congreso de la regional, al sindicato de Valladolid y sus 120 afiliados.
La escuela a la que acudió Valeriano Orobón era sucesora directa de la que había regentado Federico Forcada y que tuvo que cerrar a mediados de 1911 por problemas económicos 16. Fue el Ateneo Obrero Sindicalista quien tomó la iniciativa de reactivarla a fines de año. Durante 1912 se creó un grupo de apoyo para la apertura de una Institución Libre de Enseñanza. Finalmente, en el local del Ateneo de la calle Mantería, 49-51, las clases se reanudaron durante 1913 17. Dos años después, en junio de 1915, se incorporaron Zoais y, temporalmente, Eusebio Carbó 18. La actividad del primero fue intensa. No sólo dio clases o impartió ciclos de conferencias para los afiliados al pequeño sindicato cenetista, sino que además se convirtió en el animador de la Federación de Grupos Anarquistas de las Dos Castillas y León 19.
El joven Valeriano acudía a la calle Mantería a la salida de su trabajo como dependiente en un comercio de venta de tejidos situado en la plaza de España 20. Se llamaba La Casa Verde y en él también estaba su hermano Pedro. Aunque éste pronto lo abandonó por un puesto de fundidor. Hasta su marcha a Asturias, hacia 1922-1923, trabajó en otros establecimientos 21. Fueron años de rápida iniciación y madurez. Los testimonios que conocemos nos lo presentan como de “juicio maduro en su tierna juventud”. Son palabras con las que le definió el catedrático de derecho penal de la universidad pucelana, Vicente Mendoza 22. Por estos años ya deslumbraba por ser un orador excelente, de amplio léxico y exposición clara y directa. Además, comenzó a militar en el sindicato de la CNT. La primera referencia que poseemos de su experiencia sindical, lo sitúan como miembro de un piquete que, durante una huelga de camareros, entró en el café Royalty y esparció un líquido maloliente que vació el local de clientela. A consecuencia de ello sufrió la que, quizás, fue su primera detención 23.
El hecho, posiblemente, se produjo durante la huelga general que paralizó la ciudad el 17 de mayo de 1920 24. Desde la primavera, la crisis de las subsistencias que sacudía el país y la resistencia de los patronos a que los trabajadores conservaran las mejoras alcanzadas durante los años anteriores de bonanza económica, diversos conflictos se habían sucedido. En marzo fueron los de los peluqueros y ferroviarios, el sector obrero más importante en la ciudad. En abril se pusieron en huelga marmolistas, canteros, carpinteros, camareros y panaderos. Finalmente, en mayo, la pretensión de subir diez céntimos el precio del kilogramo de pan, desencadenó un movimiento rechazo que cristalizó en la convocatoria de huelga general para el día 17. Ese día numerosos grupos, sobre todo formados por mujeres y jóvenes, se manifestaron por la ciudad obligando a cerrar el comercio. El Círculo del Recreo fue asaltado. Por la tarde, unas seis mil personas se reunieron en la plaza Mayor para oír al diputado provincial socialista Óscar Pérez Solís 25 con quien Orobón tuvo más adelante una fuerte polémica. En el transcurso del mitin un antiguo alcalde de la ciudad, seguidor de Maura, Antonio Infante, fue agredido. Como también fue golpeado el concejal liberal Pantaleón Muñoz. Fue por la mañana cuando un numeroso grupo entró en el café Royalty 26.
Entre el medio centenar de detenidos estuvo Valeriano Orobón. Como la práctica totalidad fue puesto en libertad durante las horas siguientes aunque la agitación no cesó. El día 18, aunque con menor intensidad, la huelga y los incidentes continuaron. La guardia civil cargó en diversas ocasiones en la plaza Mayor y las calles Santiago y Angustias. Los industriales se negaban a acatar las órdenes de las autoridades y, además, continuaban en huelga los trabajadores de las panaderías reivindicando mejoras salariales y laborales. Hasta mediados de agosto no finalizó una vez que se llegó a un acuerdo tras numerosos actos de sabotajes y agresiones a esquiroles. La fuerte presencia de los sindicatos católicos y socialistas, lejos de atemperar los conflictos, parece que los radicalizó. Una característica que llama la atención es que las huelgas, aunque menos numerosas que en otros lugares, tuvieron una duración inusitada. De abril a agosto esta de panaderos en 1920; desde principios de junio hasta mediados de julio otra de albañiles en 1922, o la de mayo a junio de 1923 de pintores 27.
Orobón comenzó, por estos años, a ser un destacado militante del pequeño núcleo anarcosindicalista de la ciudad. Valladolid tenía por estos años unos cien mil habitantes, de los que la inmensa mayoría de sus trabajadores lo hacían en los sectores ferroviario, metalúrgico y de la construcción. Por su situación geográfica se había convertido en el centro de control del tráfico de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y sede de sus talleres de reparaciones 28. La mayoría de ellos pertenecientes a la UGT, así como a un sindicato confesional católico 29. El poco más del centenar de cenetistas pertenecían a oficios ferroviarios, del transporte y, sobre todo, metalúrgico. Además del ramillete de diversas profesiones que formaba la sección de Oficios Varios. Su posición minoritaria y el boicot de la prensa vallisoletana, reducida al conservador El Norte de Castilla y el integrista Diario Regional, hacen difícil seguir las vicisitudes del sindicato confederal. Los telegramas de los gobernadores civiles de la provincia a sus superiores del ministerio de la Gobernación, que se conservan en el Archivo Histórico Nacional en Madrid, nos proporcionan la imagen de un activo pequeño grupo que, en diversos momentos, inquietan a las autoridades por su posible expansión a pesar de la continua identificación que los periódicos locales hacían entre sindicalismo y terrorismo 30.
Un ejemplo de las dificultades de funcionamiento del anarcosindicalismo vallisoletano lo tenemos en las dificultades que el gobernador puso a la legalización de sus estatutos a comienzos de 1920. Pidió instrucciones al ministerio para su autorización alegando que uno de sus artículos, referido a la finalidad revolucionaria de la CNT, era ilegal. Pero sobre todo le preocupaba que la actividad que desarrollaba era muy intensa, celebraban “demasiadas” reuniones y “podían llegar a ser peligrosos” en una ciudad en la que predominaban los socialistas 31. No llegó a ser el caso. Ni ahora, cuando alcanzó el centenar de afiliados en su mejor momento, ni durante la Segunda República. Tras el golpe de estado de Primo de Rivera, las autoridades no tuvieron que suspender al sindicato cenetista. Durante el otoño de 1923 y 1924 bastó la presión fiscalizadora del gobernador para que fuera menguando en sus efectivos hasta los apenas 45 de octubre 32.
De su cada vez más destacada presencia en el mundo cenetista de Valladolid puede darnos idea la anécdota que cuenta Manuel Buenacasa. El que había sido secretario de la CNT antes del congreso de la Comedia, acudió a Valladolid, a principios de 1920, para impartir una conferencia explicativa de los acuerdos que los sindicatos habían tomado en ese comicio 33. Allí, le oyó hablar sobre las ideas y finalidades de la CNT y de la atención con la que fue seguido su discurso. Precisamente, la afirmación de Buenacasa de que Valeriano Orobón estuvo presente en el congreso madrileño, donde lo conoció, y que tuvo importantes intervenciones, es una cuestión que se discute 34. Las actas del congreso 35 no hacen ninguna referencia a su presencia. En el listado de organizaciones presentes y nombres de sus delegados, aparece únicamente Evaristo Sirvent 36. Tampoco durante el desarrollo de las sesiones 37. Ni rastro del papel que se le atribuye en los debates, ni por supuesto, en la redacción del dictamen sobre las Federaciones Nacionales de Industria.
En realidad Buenacasa, de donde procede la primera información, sólo dice que lo conoció en Madrid durante la celebración del congreso. Nada más. Hecho que no debe extrañar, pues a los congresos cenetistas, acudían muchos militantes que, aunque no llevaran la representación de su sindicato, sí asistían a sus sesiones y, más que posiblemente, a las numerosas reuniones paralelas que tenían lugar en su transcurso. En este sentido, el congreso madrileño de 1919 fue especial. Tuvo carácter de abierto, prácticamente asistió todo el que quiso. Las listas de delegados indican que unos eran de entidades federadas y otros de las que no lo estaban. Son las referencias de segunda mano las que transforman su presencia, en intervenciones en las sesiones y redacciones de dictámenes. Aunque entre los delegados al congreso tampoco figuran ni Eleuterio Quintanilla ni Hilario Arlandis dos de los nombres que más aparecen en las intervenciones 38. De todas formas, lo importante es que por esas fechas, con apenas 18 años, Valeriano Orobón era ya conocido en su ciudad natal y por algunos de los más destacados anarcosindicalistas y ácratas españoles.
Su actividad continuó realizándola en Valladolid hasta, al menos, el año 1922. En esta fecha debió entrar en el ejército. Sin embargo, como Pedro unos años antes, se declaró prófugo 39. Quizás fuera esta la razón directa de su marcha a Oviedo. En la ciudad asturiana entró a trabajar en un comercio llamado “Casa Tapiolas” y, seguramente, continuó con su actividad sindicalista. Hasta que buscado por las autoridades militares tuvo que exiliarse. Posiblemente a finales de 1923, tras el golpe de estado del general Miguel Primo de Rivera y el comienzo de su dictadura, o comienzos de 1924. Desconozco los avatares de su salida a Francia. Aunque parece seguro que se dirigió a Lyon, donde vivía su hermano Pedro.
1 Pascual Madoz, Diccionario Geográfico- Estadístico- Histórico de españa y sus posesiones de Ultramar. Edición facsímil de Valladolid (1852) [edición a cargo de Domingo Sánchez Zurro], Valladolid, Ámbito, 1984.
2 La segregación, del que se conocía como Arrabal de Valladolid La Cistérniga, se firmó el 15 de marzo de 1851. Una copia del manuscrito me la ha proporcionado amablemente don Carlos Orobón Álvarez a quien agradezco profundamente las informaciones que me ha proporcionado.
3 El escudo de La Cistérniga tiene forma cuadrangular, acorazonado en su base, medio partido y cortado. Sus Armas son un campo de gules (rojo y azul), un castillo de metal oro (amarillo), mazonado de sable (negro) y con sus vanos aclarados de azur (azul). Campo de color sinople (verde), surcado de una fina banda de plata (blanco) flaqueada por dos chimeneas de fábrica y del mismo metal. En campo de oro, un puente, sobre ondas azurplateadas, coronado por un torreón acotado de pinos. Finalmente, el escudo está coronado con la de los Reyes de España. El escudo, elaborado por Lucio Zumel Menocal, fue aprobado por la Junta de Castilla y León en 1991. Un estudio del escudo en la página www.orobon.es.
4 La vecindad de sus tierras en el documento de segregación citado en la nota anterior.Mariano Orobón Martín, nació el 10 de julio de 1872 en La Cistérniga. Sus padres fueron Víctor Orobón Gómez, nacido el 12 de abril de 1844 y María Martín Pérez. Los padres de María fueron Cándida Pérez y Lázaro Martín, natural de Renedo de Esgueva. Mariano se casó con Luisa Fernández Barrios, hija de José Fernández y Ángela Barrios, nacida el 10 de noviembre de 1873, en el vallisoletano barrio de de San Juan, y fallecida el 9 de junio de 1955. tuvieron seis hijos: Pedro, el primogénito, que murió en Madrid el 17 de febrero de 1937 durante un bombardeo; Valeriano, nacido el 14 de abril de 1901 y muerto el 28 de junio de1936; Angelita, nacida el 8 de noviembre de1905 y muerta el 12 de marzo de1997; Victor; Luis, nacido el 6 de febrero de 1913 y fallecido el FECHA y María, muerta el 30 de marzo de1949. Agradezco a Carlos Orobón su amabilidad en proporcionarme los datos del archivo arzobispal de Valladolid sobre el matrimonio. Al parecer, Ángeles Fernández tenía un cierto grado de parentesco con la familia de Azaña. La relación de Luisa Fernández Barrios con Azaña en Entrevista a Ester Martínez, compañera de Luis Orobón Fernández, Madrid, 15 de noviembre de 1998 [en adelante, Ester Martínez, 1998].
5 Eusebio Carbó Carbó (1883-1958 fue un auténtico trotamundos que sufrió numerosos encarcelamientos. Vivió muchos años en Valencia y viajó por Europa y América. En 1915, cuando ya era un conocido anarquista, asistió al congreso por la Paz de El Ferrol. Tuvo una destacada intervención en el que celebró la CNT en el teatro madrileño de la Comedia. Hasta 1923 fue uno de los representantes de la tendencia más ácrata de la CNT que condenó pronto la dictadura del proletariado rusa. Exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, regresó a España en 1930 e ingresó en la redacción de Solidaridad Obrera. En 1933, miembro del secretariado de la AIT, se opuso a la línea insurreccional y fue muy criticado por no dar una eficaz respuesta a las críticas comunistas sobre la actuación anarquista durante la insurrección asturiana de octubre de 1934. Durante la revolución y la guerra de 1936-1939, ocupó diversos puestos en la Generalidad catalana y en el Ministerio de Educación. Tras la derrota marchó a Francia y de allí a Santo Domingo y, finalmente, a México hasta su muerte. En Miguel Íñiguez, Esbozo de una Enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001. A menos que se indique lo contrario, las referencias biográficas contenidas en las notas, corresponden a esta obra.
6 Angela Orobón le confió a Ester Martínez que Valeriano llegó a Valladolid hacia 1917. Sin embargo, ésta lo sitúa, sin dar más datos, hacia 1905. En Ester Martínez, 1998.
7 Todas en Notas de Angela Orobón a Ester Martínez [en adelante Angela Orobón, s.f.]. Sobre la estancia de Valeriano en la Escuela de Comercio en su archivo de expedientes académicos no existe ninguna referencia.
8 La sección de la AIT de Valladolid acudió al congreso de Córdoba con más de 500 afiliados y trece secciones. Max Nettlau, La Premiere Internationale en Espagne, s.l., s.e., s.f., pág. 168.
9 En Zaragoza, el delegado vallisoletano fue el herrero Santiago Gómez. En Córdoba, en diciembre de ese mismo año, el delegado fue el cerrajero Marcelino Yarza. Para las secciones de la AIT en la ciudad y, muchas informaciones sobre sus conflictos, se pueden consultar Carlos Seco Serrano [transcripción y estudio preliminar], AIT. Actas de los Consejos y Comisión Federal de la Región Española (1870-1874), Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona, Departamento de Historia Contemporánea, 1970, 2 vols.; Carlos Seco Serrano y María Teresa Martínez de Sas [transcripción y estudio preliminar] Cartas, comunicaciones y circulares de la Comisión Federal de la Región Española (1873-1874), Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona, Departamento de Historia Contemporánea, 1979-1987, 7 vols. y Max Nettlau, La Premiere Internationale en Espagne (1868-1888), s.e., s.l., s.f.
10 Todos estos datos proceden de diversas entradas de Miguel Íñiguez, Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001.
11 Tenía su sede en la calle Mantería 49 y 51 y convocó el llamado congreso de Federaciones de Trabajadores de la Comarca Castellana en mayo de 1904. En Jesús María Palomares Ibáñez, El socialismo en Castilla. Partido y sindicato en Valladolid durante el primer tercio del siglo XX, Salamanca, Universidad de Valladolid-Caja de Ahorros y M. de P. de Salamanca, 1988, pág. 49.
12 Cuadrado, tipógrafo, alcanzó cierta posición social en el país sudamericano. Llegó a ser dueño de una cadena de imprenta. En José Álvarez Junco, El emperador del Paralelo. Lerroux y la demagogia populista, Madrid, Alianza, 1990, pág. 371
13 Salvochea ingresó en la prisión de Valladolid en octubre de 1893 y permaneció en ella hasta agosto de 1898. A los pocos días intentó suicidarse cortándose en una ingle y el cuello En Fernando Puelles, Fermín Salvochea. República y anarquismo, Sevilla, edición del Autor, 1984, págs. 184-186 y Diario de Cádiz, Cádiz, 1, 9, 11 y 17.10.1893.
14 Para estas cuestiones se puede consultar Guillermo Pérez Sánchez, Ser trabajador: vida y respuesta obrera. Valladolid (1875-1931), Salamanca, Universidad de Valladolid, 1995.
15 Evelio Boal, se trasladó a Barcelona hacia 1911. De profesión tipógrafo, perteneció al Sindicato de Artes Gráficas. Miembro del comité nacional de la CNT tras la huelga ferroviaria de agosto de 1917, fue elegido secretario general en el congreso de la Comedia de Madrid en 1919. Fue asesinado en febrero de 1921, en compañia de Antonio Feliú. Un breve esbozo biográfico en Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, 195-199.
16 El periódico anarquista Tierra y Libertad publicó una nota del propio Forcada en la que acusaba a los republicanos vallisoletanos de ser los responsables del cierre del centro por no aportar el dinero que habían prometido para pagar a los profesores. En esa tesitura abandonó Valladolid y se estableció en Santander. Unos meses después Mariano Manzano, hizo insertar otra nota en la que se pedía un profesor. En Tierra y Libertad, 3.9. y 9.12.1911
17 Llamamientos en apoyo de la escuela en Tierra y Libertad, Barcelona, 9.12.1911 y 6.3. y 10.4.1912. Su reapertura ya citada en líneas anteriores. Entre los impulsores estuvieron Mariano Manzano, Pedro Salgado y Ángel Arranz.
18 El Congreso Internacional de la Paz convocado en El Ferrol pretendía convocar a los opositores al conflicto bélico que asolaba Europa y reconstruir el internacionalismo sindical revolucionario desaparecido desde la extinción de la AIT. Prohibido por las autoridades, celebró algunas sesiones clandestinas con la asistencia de medio centenar de delegados españoles, portugueses y algunos sudamericanos. Contó con la adhesión de numerosas sociedades obreras, grupos anarquistas y centros culturales ácratas de España, países americanos y europeos. Entre ellos el vallisoletano Mariano Manzano y Eusebio Carbó, delegado por Solidaridad Obrera de Barcelona. Este último fue detenido y procesado como consecuencia de su intervención en el mitin previo celebrado en el teatro Jofré. Fue puesto en libertad unas semanas más tarde. Seguramente, en los meses siguientes residió en Valladolid, puesto que un año después la prensa libertaria publicó una nota pidiendo ayuda económica para que pudiera trasladarse a La Coruña donde se le iba a juzgar. En Tierra y Libertad, Barcelona, 26.5.1915 y 7.6.1916. Las referencias al congreso en la entrada correspondiente de Miguel Íñiguez, Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001 y Antonio Bar, La ftlineCNT en los años rojos. Del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo (1910-1926), Madrid, Akal, 1981, págs. 314-315.
19 La llegada de Zoais a Valladolid quedó recogida en la prensa libertaria al insertar el periódico Tierra y Libertad (7.7.1915) una nota en la que informaba que, quienes mantuvieran correspondencia con él, podían escribirle a “Institución Libre de Enseñanza, calle Mantería 49-53". Luis García Muñoz había trabajado hasta entonces en una escuela en la localidad de Azuaga, en Badajoz. Inmediatamente se convirtió en el secretario de la recién creada Federación de Grupos Anarquistas y envió una circular en tal sentido al periódico barcelonés que la publicó en su edición de 14.7.1915. La correspondencia debía ser dirigida a la calle Ruiz Zorrilla, 16, principal. Su actividad pedagógica y cultural en Tierra y Libertad, Barcelona, 6.10.1915.
20 La Institución Libre, además de las clases en horario habitual, tenía un curso de clases nocturnas gratuitas, de nueve a diez de la noche, todos los días laborables. Tierra y Libertad, Barcelona, 6.10.1915.
21 Parece que tras La Casa Verde, lo hizo en las de “Don Guillermo”, o en la de artículos de regalo, de la calle Santiago 25, llamada Almacenes Guillen. En Angela, s.f.
22 La referencia en Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, pág. 217. Recogida también por Salvador Cano Carrillo, “Valeriano Orobón Fernández”, Ruta, Caracas, nº 26, 1 de febrero de 1976, pág. 7.
23 En Angela, s.f.
24 Aunque me inclino a pensar que la detención se produjo durante la huelga general de mayo de 1920, por la notoriedad que alcanzó el asalto al café Royalty, un año antes, en abril de 1919 Valladolid tuvo otra huelga general originada también por la escasez y alza de precios de los productos de primera necesidad; el cumplimiento de la recién implantada jornada de ocho horas y aumentos salariales. En su transcurso, igualmente, hubo cierre de comercios, enfrentamientos con las fuerzas del orden público y detenciones. En Telegramas del Gobernador Civil de Valladolid al Ministerio de la Gobernación, 8-10 de abril de 1919. Archivo Histórico Nacional, Fondos Contemporáneos, Ministerio del Interior,Serie A (en adelante AHN-FCMIA), legajo 57, expediente 228.
25 Sobre Pérez Solís y su relación con Orobón Fernández se le dedica un amplio espacio en el apartado cuarto del capítulo 2.
26 Los conflictos de la primavera de 1920 y la huelga general del 17 de mayo en Diario Regional, Valladolid, 18 y 19.5.1920 y El Norte de Castilla, Valladolid, 20 y 25.3, 15, 23 y 25.4 y 7, 18, 19 y 20.5.1920.
27 Para estos conflictos se pueden consultar las ediciones de esas fechas de Diario Regional y El Norte de Castilla.
28 Del ferrocarril había nacido el impulso industrializador de la ciudad. Una quinta parte de sus trabajadores, unos cinco mil, estaban ligados al mundo ferroviario, o a su industria auxiliar, como los Talleres de Miguel Prado y de Gabilondo. Valladolid era, además, sede de una universidad, de la capitanía general, academia de caballería y obispado. En Ángel de Prado Moura, El movimiento obrero en Valladolid durante la II República, Salamanca, Junta de Castilla y León-Consejería de Educación y Cultura, 1985. Más en Jesús María Palomares, Concepción Marcos, María del Carmen Rodríguez, Elena Maza y Pedro Carasa, La Comisión de Reformas Sociales y la condición obrera en Valladolid (1883-1903), Valladolid, Universidad de Valladolid-Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, 1985 y Guillermo Pérez Sánchez, Ser trabajador: vida y respuesta obrera. Valladolid, (1875-1931), Salamanca, Universidad de Valladolid, 1995
29 Desde 1913 los socialistas tenían su sede en la calle del Salvador, 6 y editaban el periódico Adelante, que, en 1919, fue sustituido por otro llamado Tiempos Nuevos. Para el socialismo vallisoletano se pueden consultar, J.García Fernández, Crecimiento y estructura urbana en Valladolid, Barcelona, 1974, págs. 147-177 y Jesús María Palomares Ibáñez, El socialismo en Castilla. Partido y sindicato en Valladolid durante el primer tercio del siglo XX, Salamanca, Universidad de Valladolid-Caja de Ahorros y M. de P. de Salamanca, 1988.
30 Informes sobre las actividades cenetistas en Valladolid se encuentran en AHN-FCMIN legajos 16 A, 40 A, 51A, 57A y 58 A.
31 Gobernador Civil de Valladolid a Ministro de la Gobernación, 7.1.1920, AHN-FCMI, legajo 58 A, expediente 10.
32 La presión de las autoridades de la Dictadura sobre el Sindicato Único de Trabajadores de Valladolid comenzó en diciembre de 1923 cuando un inspector se presentó en su domicilio exigiendo los libros de actas, listas de socios y estados de cuentas. Documentación que no fue presentada. Inspecciones que se repitieron en marzo, abril, mayo, junio, agosto y octubre de 1924. Por ellas sabemos que el sindicato no tenía ninguna actividad y que su número de socios fue disminuyendo de los 60 de abril a los 45 de octubre. En AHN-FCMIN, legajo 58 A, expedientes 17 y 22.
33 En Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, págs. 218-219. Sobre la celebración de estos actos no queda ninguna constancia en la prensa de la ciudad. Documentalmente sólo he encontrado el telegrama que, en noviembre de 1919, el gobernador civil envió a sus superiores en Madrid informándole que la CNT local, por medio de Florencio Conde, le había pedido permiso para celebrar un mitin en el que iban a intervenir el militante local González Rueda, Mauro Bajatierra, Manuel Buenacasa y Salvador Seguí. Acto que finalmente no fue autorizado. En AHN-FCMIN, legajo 57 A, expediente 28.
34 La afirmación se ha repetido, con posteridad, por la práctica totalidad de los autores que se han acercado a la figura de Valeriano Orobón.
35 Las actas fueron publicadas, en 1932, por el Comité Nacional de la CNT, a partir del texto taquigráfico de sus sesiones. Ha sido, con posterioridad, reproducido, y es la edición que utilizo, por Antonio Elorza, “El Congreso Confederal de la Comedia”, Revista de Trabajo, Madrid, nºs. 49-50, 2ºtrimestre 1975, págs. 206-506.
36 Evaristo Sirvent, o Sirvente, abandonó durante los años veinte la militancia confederal. En Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, pág.216. Su presencia en Madrid, como delegado del Sindicato Único del Arte del Hierro, en Antonio Elorza, “El Congreso Confederal de la Comedia”, Revista de Trabajo, Madrid, nºs. 49-50, 2ºtrimestre 1975, pág. 253.
37 Las intervenciones del delegado de Valladolid, recogidas en las actas, se circunscribieron a oponerse a la fusión CNT-UGT; suscribir la proposición que el delegado del Sindicato de la Construcción de Barcelona, Enrique Valero, hizo para que se declarara amarilla a la UGT si, en el plazo de tres meses, no ingresaba en la CNT; participar en la redacción del texto de la ponencia sobre los puntos 19 a 23 y 69 del orden del día relativos a los procedimientos de acción, múltiple, directa o mixta; proponer que se creara un Comité Pro-Presos nacional encargado de atender a los ya condenados; discusión sobre la creación o no de las Federaciones Nacionales de Industria, que se verá ampliamente más adelante, o el apoyo a las escuelas racionalistas. En Antonio Elorza, “El Congreso Confederal de la Comedia”, Revista de Trabajo, Madrid, nºs. 49-50, 2ºtrimestre 1975, págs. 306, 344, 348, 361, 349, 427-428 y 460, respectivamente.
38 Es el caso de B.Mas [Polémica, Barcelona, nº 9, 1983, págs. 22-23] quien asegura que fue delegado por el “Sindicato Único de Valladolid”. O como Miguel Íñiguez [entrada de Valeriano Orobón en Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001] o Diego Abad de Santillán [Contribución a la historia del movimiento obrero español, Puebla, Editorial Cajica, 1971, pág. 57] quienes aseguran sus intervenciones en el comicio Pero sobre todo el de Salvador Cano que pone en boca de Juan Peiró, no sólo sus intervenciones en el congreso, sino su participación en la redacción del dictamen. Salvador Cano Carrillo, “Valeriano Orobón Fernández”, Ruta, Caracas, nº 26, 1 de febrero de 1976, pág.12.
39 De los tres hermanos varones Orobón Fernández, sólo el más pequeño Víctor, “sirvió al rey”. Ester Martínez, 1998.