75º aniversario. CASAS VIEJAS : 1933 – 2008
Unas horas después las fuerzas de orden
público volvieron a restablecer el control
del Estado en la localidad y asaltaron el
local de la CNT. Nueve personas se
refugiaron en la choza de Francisco Cruz Gutiérrez, « Seisdedos ». Cuando los
guardias quisieron detenerlas, temerosos de los maltratos que les aguardaban, se
negaron a entregarse. Comenzó entonces un asedio que se prolongó durante horas y
finalizó con el incendio de la choza y la muerte de sus ocupantes, salvo dos : el niño
Manuel García Franca y la joven, María Silva Cruz, « La Libertaria ». Al amanecer
del día 12, considerando que el castigo no había sido suficiente, se realizó una redada
por el pueblo. Doce hombres fueron trasladados hasta los restos humeantes de la
choza y, allí, los asesinaron. Miguel Pérez Cordón en la prensa
anarcosindicalista y después los periodistas Ramón
J. Sender y Eduardo de Guzmán, terminaron por
sacar a la luz el crimen. La sociedad española
quedó conmocionada y se produjeron reacciones
de todo tipo. Los asesinatos no sólo fueron
utilizados políticamente por la oposición de
derechas, sino que señalaron un antes y un
después de la Segunda República. Como la
monarquía, el régimen republicano seguía
tratando los graves problemas sociales del país como un problema de orden público. Las autoridades trataron de salvar sus responsabilidades y la razón de Estado antes
que aceptar lo sucedido. Pero los crímenes cometidos en Casas Viejas quedaron en la
memoria del país y marcaron el futuro de las familias afectadas y los políticos
implicados.
En julio de 1936 la reacción española consideró que los cambios sociales que se
estaban produciendo en la España republicana habían llegado demasiado lejos. Los
inductores y ejecutores del golpe de Estado no ocultaron sus intenciones de acabar
con quienes ponían en peligro sus privilegios. Tras su triunfo en la provincia de Cádiz,
La Libertaria fue secuestrada y asesinada. Todavía hoy su cadáver sigue
desaparecido y como tal fue denunciado ante la Audiencia
Nacional (juzgado nº 5) el 18 de Julio de 2007 y aún hoy se
está a la espera de respuesta.
Aunque la rebelión fracasó, terminó por imponerse tras un
sangriento conflicto de tres años pero además logró inyectar a los
supervivientes, y al conjunto de la población, un terror tal que
nunca más les llevara a pensar que era posible vivir en otra
sociedad, incluso se prolongó tras la muerte del Dictador. Se
imponía el « todo ha quedado atado y bien atado » y a los
derrotados y represaliados les fueron negados tanto sus derechos
como el reconocimiento moral.
El miedo, todavía hoy, tras treinta años de « democracia » sigue
presente, pero en menor medida gracias a iniciativas sociales
como las realizadas en el mismo pueblo por parte de jóvenes, al igual que algunas
instituciones (Ayuntamiento, Diputación y Universidad), de personas del mundo de la
cultura de toda España y, evidentemente, de las organizaciones anarcosindicalistas
andaluzas. Iniciativas en contra de la “mercantilización de la memoria” no
exentas de polémicas y, en algún caso, con un fuerte calado cultural, político y
mediático, pero con la esperanza en ir solucionándolas, a pesar
de todo. Así se ha conseguido la creación de una Fundación de
carácter Público, aunque no que en su composición tuvieran
presencia entidades, organizaciones y colectivos.
De igual modo que el “solar” donde estaba situada la choza de
“Seisdedos” se expropiara (parece ser que se ha comprado por
parte del Ayuntamiento, pero desconocemos los detalles), pero
no tenemos ni idea del proceso para que dicho lugar sea
declarado Bien de Interés Cultural. Queda por conseguir que el monolito que montamos en 1983 vuelva a su lugar de
origen, pero sobre todo la localización, exhumación e
identificación del cadáver de María Silva Cruz « La
Libertaria » y los de las personas asesinadas con ella, así
como seguir potenciando las actividades de homenaje y las
investigaciones, como la ahora publicada y coeditada por CGT-A.
Un paso indicativo del compromiso para la dignificación que
merecen todas las víctimas del golpe de Estado de Julio de
1936 y represaliados del franquismo. Cecilio Gordillo