I Parte

Leopoldo García Ortega. “España antes de la república era un país triste, de luto”

Cuando estalló el llamado…glorioso Movimiento Nacional, que fue el que asesinó a la II República, yo tenía 16 años y estaba internado en el Hospicio de Valladolid, porque era huérfano de padre y madre, y al quedarme huérfano huí a Asturias, donde fui afiliado de la CNT, que era minoritario ; en Asturias, quitando la Felguera y Gijón, el resto era un fortín del PSOE, del PSOE de aquellos tiempos. En Asturias estuve todo el 36 hasta noviembre, en el que hubo un movimiento revolucionario anarcosindicalista, y hubo una gran represión : clausuraron los sindicatos, los ateneos libertarios…hicieron muchas detenciones y a mí, la policía, por orden del gobernador civil de Asturias, que creo que se llamaba Velarde, me detuvieron y me trajeron a Valladolid.


Leopoldo García Ortega. “Nuestra historia fue una larga noche de piedra”



Me metieron en el calabozo sin consultarme nada…y el calabozo, no estoy para nada exagerando, era un lugar siniestro que además de calabozo era el almacén del carbón de las calefacciones de la monjas, porque los niños no teníamos calefacción ; y era para el carbón de las cocinas. Aquello estaba lleno de cucarachas y yo estaba allí. A media tarde oí como descorrían el cerrojo de la puerta porque, no estoy exagerando nada : eso de los cerrojos era auténtico, lo del calabozo era auténtico, porque así era España y nada más. Entonces, apareció allí un señor bien trajeado, con el director del Establecimiento, que era un cura. Era el director del Establecimiento de una forma anticonstitucional, porque según la Constitución de la República ningún establecimiento dependiente del Estado, Provincia o Municipio podía estar regentado por un sacerdote ; pero entonces, la Constitución y la Ley no se cumplían. Aquel señor seguía siendo el director del Establecimiento. Entonces, por la tarde, repito, a media tarde llegó él, con un celador y otra persona. Este señor, de paisano, era don Juan Moreno Mateo, que era un diputado provincial perteneciente a un pequeño partido político que había en la República, que se llamaba Izquierda Radical Republicana. Cuando abrieron la puerta…yo tenía una pequeña visera y me descubrí, le di la mano y lo saludé. Entonces, dirigiéndose al cura, dijo : “pero este niño no muerde…”, y ahí me di cuenta de que aquel cabrón le había dicho que yo debía comerme a los curas, ¿no ? Me sacó de allí y me llevó a su despacho. Sacó un paquete de tabaco de los de setenta, como se decía entonces, que era un tabaco de clase media alta. Me dijo : “¿Fumas ?” Yo dije : “Sí señor” ; yo fumaba por aquel entonces, y se quedó maravillado con la facilidad que tenía, que liaba los cigarrillos mejor que él. Empezó a hablarme. Le dije : “No, no siga usted, porque yo voy a escapar de aquí, porque esto no es para mí”. “Hombre, tú no puedes huir”. Aquel hombre, al que fusilaron luego en la guerra, era el presidente de la Asociación de Amigos de la URSS…y era una gran persona ; era…humanamente era una gran persona. Entonces yo le dije…”me voy” “No, no puedes escapar de aquí porque tienes que hacer una labor, y es la de redimir a los chicos”. Me convenció y me quedé. Don Juan Moreno Mateo era, además de diputado provincial, el director de una graduada que había en Valladolid, un grupo escolar de aquellos que había construido la República, que se llamaba Miguel de Cervantes. ¡Era un gran hombre !


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