El curioso caso del ángel ácrata
Melchor Rodríguez, el ángel rojo,
es para muchos un personaje incómodo
por la dificultad para etiquetarlo
en un país demasiado acostumbrado
a resolver la Historia con
etiquetas y clichés de urgencia. En
las habituales crónicasmaniqueas
sobre la Guerra Civil alguien como
Melchor Rodríguez no tiene sitio :
¿un héroe o un traidor ? El grupo « Recuperando la Memoria
de laHistoria Social de Andalucía
» de la CGT acaba de publicar un
pequeño librito –impreso por presos
de la cárcel de Valdemoro– para recuperar
a este personaje olvidado
con textos del escritor y periodista
Alfonso Domingo y del historiador
José Luis GutiérrezMolina. No es
la primera vez que se impulsa un homenaje
de este tipo, desde hace años
la CGT está divulgando la memoria
de este libertario que ya cuenta con
una calle en la ciudad. El « ángel rojo » nació en Sevilla,
concretamente en la Triana de 1893.
Su padre era maquinista en el puerto
y sumadre, en la Fábrica de Tabacos.
Al morir su padre en un trágico
accidente en el puerto, Melchor,
que sólo tenía 10 años, entra a trabajar
como aprendiz en talleres de
calderería y ebanistería para al final
convertirse en chapista. Pero lo más sorprendente es que
el joven Melchor se siente fascinado
por el mundo de la tauromaquia y
llega a ser novillero. Las plazas de
Sanlúcar de Barrameda, Tetuán,
Madrid, Salamanca, El Viso o Sevilla
en 1920 acogen las faenas de un
personaje que no podía imaginar
qué destino tomaría su vida. Probablemente, en aquellos años,
algún toro le haría recordar cómo
danza la Desnarigada en el albero
las tardes de fiesta. Pero no era su
hora, aunque Melchor Rodríguez vería
muchas veces el rostro de la
muerte. En el archivo de Ámsterdam
y de su puño y letra se relatan las
ocasiones en las que estuvo a punto
de morir en la guerra y, sobre todo,
por intentos de asesinatos de sus
enemigos. Pero estábamos con el momento
biográfico en el que Melchor Rodríguez
aún está fascinado por la torería.
No durará mucho. Pronto ingresa
en la CNT y conoce a líderes
anarquistas sevillanos como Pedro
Vallina. En 1920, conmotivo de una
huelga es detenido. Al salir, semarcha
aMadrid porque en Sevilla está
fichado por la policía. Comienza así la sorprendente vida
madrileña de Melchor Rodríguez.
Se casa con FranciscaMuñoz, antigua
bailaora amiga de Pastora Imperio,
y entra en la cárcel hasta en
treinta ocasiones. Finalmente, estalla
la guerra. Según el relato del escritor
Alfonso Domingo, Melchor
también sale eufórico a la calle con
mono y pistola al cinto, pero el arma
está descargada… Melchor Rodríguez es designado
delegado especial de prisiones por el
ministro de Justicia, el también anarquista
Juan García Oliver. Desde la
cárcel salvará a numerosos presos
como Muñoz Grandes, Raimundo
Fernández Cuesta o Martín Artajo,
que al final del conflicto y ya en la
España franquista lo ayudarán. A pesar de eso, ingresará en la
cárcel, pero no morirá. Malvivirá escribiendo
letras de pasodobles y cuplés
y con la ayuda de los viejos amigos.
A su muerte en febrero del año
1972, sobre su ataúd se permitirá colocar
la bandera rojinegra, gesto
insólito durante la larga noche de la
dictadura. Otro detalle singular para
la biografía de un personaje irrepetible. EL MUNDO. SÁBADO 21 DE MARZO DE 2009
INVENTARIO DE LOS DÍAS El palacio del marqués. Melchor
Rodríguez fue uno de los anarquistas
que incautó el palacio
marqués de Viana, en la calle
Duque de Rivas. Elmarqués Teobaldo
Saavedra se encontraba
en Roma con Alfonso XIII y su
mujer, la duquesa de Peñaranda,
se refugió en la embajada de Rumanía.
Este palacio se convirtió,
gracias a la labor de Melchor, en
lugar de acogida de curas, falangistas,
industriales e incluso la
amante de un ex ministro radical,
que allí se escondió junto a
su familia. La gente de derechas
llamaba desesperada al teléfono
del palacio en busca de salvoconductos
y avales. ¿Un quintacolumnista ?. Sobre
Melchor Rodríguez cayeronmuchas
sospechas. Sobre todo los
comunistas lo acusaron de ser un
quintacolumnista que servía a las
fuerzas fascistas bajo el disfraz
de anarquista. Era demasiado
sospechoso que evitara sacas y
fusilamientos de personajes que
probablemente no habrían dudado
en matarlo si se hubieran
vuelto las tornas. Ésa es la razón
de que en numerosas ocasiones
intentaran asesinarlo. Melchor
Rodríguez simplemente fue
coherente con su ideología, la del
anarquismo humanitario del
grupo ácrata Los Libertos al
que perteneció. Sin embargo, al
terminar la guerra se descubrió
que algunos de sus colaboradores,
como su secretario Juan Batista,
sí que habían pertenecido a
la quinta columna. Los últimos días. Tras su cese
como delegado de Prisiones,
Melchor fue designado como
concejal de cementerios del
ayuntamientomadrileño en representación
de la FAI. En ese
cargo también ayudó a los familiares
de los fusilados de derechas,
por ejemplo, permitiendo
que colocaran una cruz en la
tumba. Así hizo con Serafín Álvarez
Quintero, de quien era
muy amigo. Finalmente,Melchor
Rodríguez tuvo un delicado papel
en losúltimos días de la guerra
al ser designado para entregar
el Ayuntamiento deMadrid a
las tropas vencedoras. Durante
dos días presidió el traspaso de
poderes.
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