La CGT recupera la memoria de Melchor Rodríguez, el anarquista que salvó a presos de derechas de ser fusilados en el Madrid de la Guerra Civil. Su figura olvidada sigue creando polémica

El curioso caso del ángel ácrata

EN UN EDIFICIO de Ámsterdam, en Cruquiusweg 31 –el Instituto Internacional de Estudios Sociales– se guarda la historia de uno de esos insólitos personajes que se gestan en los tiempos feroces. Hay quien lo acusó de ser un traidor, para otros es un héroe con nombre, el « ángel rojo  », un anarquista que durante la Guerra Civil salvó a cientos de personajes de derechas cuya vida peligraba en elMadrid controlado por los milicianos.


Melchor Rodríguez, el ángel rojo, es para muchos un personaje incómodo por la dificultad para etiquetarlo en un país demasiado acostumbrado a resolver la Historia con etiquetas y clichés de urgencia. En las habituales crónicasmaniqueas sobre la Guerra Civil alguien como Melchor Rodríguez no tiene sitio : ¿un héroe o un traidor ?

El grupo « Recuperando la Memoria de laHistoria Social de Andalucía  » de la CGT acaba de publicar un pequeño librito –impreso por presos de la cárcel de Valdemoro– para recuperar a este personaje olvidado con textos del escritor y periodista Alfonso Domingo y del historiador José Luis GutiérrezMolina. No es la primera vez que se impulsa un homenaje de este tipo, desde hace años la CGT está divulgando la memoria de este libertario que ya cuenta con una calle en la ciudad.

El « ángel rojo » nació en Sevilla, concretamente en la Triana de 1893. Su padre era maquinista en el puerto y sumadre, en la Fábrica de Tabacos. Al morir su padre en un trágico accidente en el puerto, Melchor, que sólo tenía 10 años, entra a trabajar como aprendiz en talleres de calderería y ebanistería para al final convertirse en chapista.

Pero lo más sorprendente es que el joven Melchor se siente fascinado por el mundo de la tauromaquia y llega a ser novillero. Las plazas de Sanlúcar de Barrameda, Tetuán, Madrid, Salamanca, El Viso o Sevilla en 1920 acogen las faenas de un personaje que no podía imaginar qué destino tomaría su vida.

Probablemente, en aquellos años, algún toro le haría recordar cómo danza la Desnarigada en el albero las tardes de fiesta. Pero no era su hora, aunque Melchor Rodríguez vería muchas veces el rostro de la muerte. En el archivo de Ámsterdam y de su puño y letra se relatan las ocasiones en las que estuvo a punto de morir en la guerra y, sobre todo, por intentos de asesinatos de sus enemigos.

Pero estábamos con el momento biográfico en el que Melchor Rodríguez aún está fascinado por la torería. No durará mucho. Pronto ingresa en la CNT y conoce a líderes anarquistas sevillanos como Pedro Vallina. En 1920, conmotivo de una huelga es detenido. Al salir, semarcha aMadrid porque en Sevilla está fichado por la policía.

Comienza así la sorprendente vida madrileña de Melchor Rodríguez. Se casa con FranciscaMuñoz, antigua bailaora amiga de Pastora Imperio, y entra en la cárcel hasta en treinta ocasiones. Finalmente, estalla la guerra. Según el relato del escritor Alfonso Domingo, Melchor también sale eufórico a la calle con mono y pistola al cinto, pero el arma está descargada…

Melchor Rodríguez es designado delegado especial de prisiones por el ministro de Justicia, el también anarquista Juan García Oliver. Desde la cárcel salvará a numerosos presos como Muñoz Grandes, Raimundo Fernández Cuesta o Martín Artajo, que al final del conflicto y ya en la España franquista lo ayudarán.

A pesar de eso, ingresará en la cárcel, pero no morirá. Malvivirá escribiendo letras de pasodobles y cuplés y con la ayuda de los viejos amigos. A su muerte en febrero del año 1972, sobre su ataúd se permitirá colocar la bandera rojinegra, gesto insólito durante la larga noche de la dictadura. Otro detalle singular para la biografía de un personaje irrepetible.

eva.diaz@elmundo.es

EL MUNDO. SÁBADO 21 DE MARZO DE 2009


INVENTARIO DE LOS DÍAS

El palacio del marqués. Melchor Rodríguez fue uno de los anarquistas que incautó el palacio marqués de Viana, en la calle Duque de Rivas. Elmarqués Teobaldo Saavedra se encontraba en Roma con Alfonso XIII y su mujer, la duquesa de Peñaranda, se refugió en la embajada de Rumanía. Este palacio se convirtió, gracias a la labor de Melchor, en lugar de acogida de curas, falangistas, industriales e incluso la amante de un ex ministro radical, que allí se escondió junto a su familia. La gente de derechas llamaba desesperada al teléfono del palacio en busca de salvoconductos y avales.

¿Un quintacolumnista ?. Sobre Melchor Rodríguez cayeronmuchas sospechas. Sobre todo los comunistas lo acusaron de ser un quintacolumnista que servía a las fuerzas fascistas bajo el disfraz de anarquista. Era demasiado sospechoso que evitara sacas y fusilamientos de personajes que probablemente no habrían dudado en matarlo si se hubieran vuelto las tornas. Ésa es la razón de que en numerosas ocasiones intentaran asesinarlo. Melchor Rodríguez simplemente fue coherente con su ideología, la del anarquismo humanitario del grupo ácrata Los Libertos al que perteneció. Sin embargo, al terminar la guerra se descubrió que algunos de sus colaboradores, como su secretario Juan Batista, sí que habían pertenecido a la quinta columna.

Los últimos días. Tras su cese como delegado de Prisiones, Melchor fue designado como concejal de cementerios del ayuntamientomadrileño en representación de la FAI. En ese cargo también ayudó a los familiares de los fusilados de derechas, por ejemplo, permitiendo que colocaran una cruz en la tumba. Así hizo con Serafín Álvarez Quintero, de quien era muy amigo. Finalmente,Melchor Rodríguez tuvo un delicado papel en losúltimos días de la guerra al ser designado para entregar el Ayuntamiento deMadrid a las tropas vencedoras. Durante dos días presidió el traspaso de poderes.

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