Badajoz : La Memoria Histórica ha permitido excavar en 11 fosas y localizar 14

29 Mar 2007
La segunda jornada del simposio “De la esperanza a la tragedia : archivos, memoria y recursos audiovisuales sobre la guerra civil en Badajoz” que se celebra en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación abordó ayer el asunto de las fuentes a manejar por el historiador para obtener datos fiables en el estudio de aquel acontecimiento.

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La investigación de fosas anónimas con enterramientos procedentes de la guerra civil han permitido al Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura trabajar en once de ellas. Y cada día se obtienen nuevos datos.

Ayer, en el transcurso de la última jornada del “Simposio de la Esperanza a la Tragedia : archivos, memoria y recursos audiovisuales sobre la guerra civil en Badajoz”, se dio cuenta de que había sido localizada en Coria (Cáceres) una nueva fosa que empezará a ser estudiada en pocos días.

Así lo anunció Cayetano Ibarra Barroso, uno de los investigadores del proyecto que informó de que, aparte de estas doce fosas, existen otras 14 perfectamente localizadas y datos de 90 más que, por el momento, no permiten situarlas con precisión. Cayetano Ibarra recorrió el listado de fosas abiertas con detalles de lo encontrado en ellas o certificando que la intervención había resultado frustrada. « Aunque la investigación resulte fallida no lo consideramos un fracaso -dijo-porque se van corroborando otras hipótesis que tenemos ».

El investigador resaltó las tragedias humanas que se esconden tras cada uno de los desaparecidos de aquella guerra y que han pesado durante décadas sobre familias enteras.

Por su parte, el profesor Julián Chaves pidió la constitución de un centro que aglutine todos los estudios que se realizando sobre la guerra, sirva de lugar permanente de recopilación de datos y ofrezca servicios a los familiares que se han decidido a buscar los cuerpos de los suyos. Según Chaves, este Centro Regional de la Memoria Histórica debe situarse en Badajoz. Vacío

Algunas fosas excavadas se han encontrado vaciadas. Es el caso de las 28 personas fusiladas en Logrosán en 1940, en la Dehesilla de Miralrío. Ahora se sabe que, a fines de los años 40, estos cuerpos fueron trasladados a la Cruz de los Caídos de Cuelgamuros. La documentación se encontró en el Gobierno Civil de Cáceres. Julián Chaves ofreció las cifras definitivas de los fusilados en la provincia de Cáceres : 1.830 en zona nacional y 130 en zona republicana. En Badajoz, las cifras son aún provisionales pero están actualmente en unos 12.000 fusilados por los nacionales y entre 1.400 y 1.500 asesinados en zona republicana. En total, 13.500 muertos.

« El periódico nunca habla de tu abuelo » Cada año, sistemáticamente, en las fechas en que se cumplía el aniversario de la toma de Badajoz, la madre del doctor Rafael Barrientos Vega hojeaba las páginas de HOY y después soltaba el periódico, decepcionada : « El HOY nunca habla de tu abuelo », murmuraba. Era la hija del comandante Vega Cornejo, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Santo Domingo (Badajoz), que fue fusilado por los ocupantes de la ciudad en los muros del Cuartel de la Bomba. Pocas horas antes, la madre del doctor, una joven de 22 años, había tenido que reconocer el cadáver de su propio hermano, el teniente Vega Rodríguez, asesinado a la puerta de la Iglesia de San Agustín. La madre del doctor echaba de menos que los escritos que en las décadas posteriores a la guerra civil se ocupaban de ese tema se limitasen a la apología de la victoria y no abordasen el asunto tabú de las víctimas represaliadas por el bando vencedor. Rafael Barrientos Vega intervino el segundo día de estas jornadas de la Memoria Histórica y contó la versión que la familia ha ido recomponiendo sobre la muerte de los suyos. Muchos años después de aquel verano, el periódico también ha hablado de su abuelo.

El historiador extremeño Francisco Espinosa y el investigador Francisco Pilo expusieron sus puntos de vista sobre las cifras de la represión en la capital pacense y sobre el impacto producido por las noticias que los medios de comunicación difundieron.

Espinosa explicó los métodos empleados por él para la realización de trabajos fundamentales sobre la guerra civil en Extremadura como el libro “La columna de la muerte”. Habló de los datos que pueden contrastarse consultando registros civiles, listados de Quintas ; medidas oficiales de los organismos de Sanidad e Higiene ; de la Cruz Roja y diarios personales o libros de memorias.

Su investigación permite afirmar al historiador que « la represión inscrita (en registros oficiales) sólo afecta a un tercio de la represión que en realidad se produjo ».

Entre las fuentes a consultar destacó el trabajo hecho sobre el terreno por los corresponsales que siguieron la guerra. Los intervinientes recuperaron los nombres conocidos de Mario Neves, René Bru, o Jay Allen. « Ellos jugaron un papel clave », dijo Espinosa, que recordó que Queipo de Llano metió a Bru en la cárcel para obligar a la compañía Pathé a devolver las imágenes de los asesinados que había tomado en Badajoz. Gracias a que la compañía se reservó bastantes de las imágenes podemos hoy tener uno de los testimonios básicos sobre los asesinatos practicados por el ejército vencedor.A pesar de todo, estas informaciones han sido cuestionadas desde todos los puntos de vista e incluso reutilizadas por la propaganda revisionista.

A la pregunta de uno de los asistentes, Francisco Espinosa explicó que está próxima la publicación de un libro de Paul Preston sobre corresponsales de guerra que estudia la figura del norteamericano Jay Allen, que dio a conocer la matanza de Badajoz a través del periódico Chicago Tribune.

Según el historiador, Allen conocía bien Extremadura porque había estudiado en profundidad el proceso de Reforma Agraria. De hecho, parece que su familia conserva un libro inédito que escribió sobre este asunto. Desde los primeros años 30 había entrevistado a muchos políticos locales de Badajoz. Espinosa dedicó “La columna de la muerte” a aquellos periodistas que informaron desde Extremadura y que « entraron cada uno a su manera y salieron todos fatal ».

Francisco Pilo, por su parte, defendió que Jay Allen no vivió los acontecimientos de los primeros días tras la toma de la ciudad adonde llegó una semana más tarde. Piensa incluso que en sus descripciones se mezclan relatos oídos de la toma de Badajoz y del propio Almendralejo, aunque opina que otras crónicas suyas sobre el avance de los nacionales hacia Madrid son apreciables.

Pilo volvió a insistir en que en Badajoz se produjo una matanza terrible, pero que las 4.000 personas de la que se ha hablado durante años no fueron todas ejecutadas en la Plaza de Toros.


Hoy digital/ M. BARRADO TIMÓN/ 29/03/2007

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